lunes, 2 de noviembre de 2009

El rock fue más fuerte que la lluvia

La lluvia era desgarradora, parecía que el fin del mundo se acercaba. Es que estaba faltando algo, o más dicho alguien. Más de un año y medio ausente. Hace un mes en Lima, luego en Santiago se rumoreaba la reaparición de aquella leyenda, la cual retumbó siempre entre la jerga porteña, pero se extrañaba en presencia, hasta que un día en su cumpleaños 58 el ídolo reapareció y ni la tempestad pudo con él en cuanto comenzó a entonar cada melodía: a Charly García se lo pudo escuchar como hace mucho no se lo hacía.
La expectativa era enorme, por eso ni la tormenta ni ese panorama apocalíptico remitieron a que la gente no se acercara aquel 23 de octubre al estadio de Vélez Sarsfield a presenciar, luego de su internación, el regreso a los escenarios de una eminencia como García. Si la lluvia era problema para muchos, todo quedo de lado cuando el maestro entonó «El amor espera» y comenzó un show electrizante, de aquellos que no dejan respiro.
En parte se puede decir que a primera impresión se extrañaba ver a un Charly descontrolado e hiperactivo sobre el escenario, aunque aquello es simplemente un estilo de moral producto de la ideología rock, porque lo que realmente se añoraba era esa “voz”, esa tonada única, la cual desparramaba melodías mágicas y se escuchaba un tanto desgastada los últimos años. Escucharlo a García esa noche fue una reminiscencia a la década de 1980.
Así a lo largo de casi dos horas emocionantes, García recorrió grandes hits de su extenso repertorio e inmortales obras, desde Yendo de la cama hacia el living hasta Rock and Roll y yo fue intercalando recordados temas de toda su discografía.
El momento más emocionante de la velada fue cuando Charly presentó a la otra leyenda viviente del rock argentino: Luis Alberto Spinetta. “Les presento a mi ídolo y maestro” les decía García a las más de 30 mil personas que se hicieron presentes. Y el Flaco se presentó en la fiesta, un invitado de lujo al cumpleaños, y como no era para menos tocó con su guitarra y entonó con el homenajeado «Rezo por vos», tema que habían compuesto en conjunto en los 80. Realmente fue un lujo y un hecho histórico presenciar a las dos figuras más grandes de lo que se refiere a rock en la Argentina.
Pero sin duda no se puede dejar de manifestar lo conmovedor que fue escuchar la voz de Charly, la cual lució brillante. Sus agudos se lucieron como hace tiempo no lo hacían. Temas como «No soy un extraño», «Influencia» o «Chipi-chipi», que de por si derivan mucho esfuerzo por su complejidad melódica sonaron maravillosamente.
La noche fue explosiva. Charly y su banda tocaban un gran tema tras otro, desde «Demoliendo hoteles», «Raros peinados nuevos», «No voy en tren» hasta una gran versión de «No toquen», una de las canciones emblemas de su álbum Cómo conseguir chicas, la cual sonó impactante.
En conclusión, el show no dejó respiros. La gente saltaba y bailaba bajo la interminable tormenta. Charly agradecido en un momento exclamaba: “Hoy el rock es más fuerte que la lluvia” y que razón tenía. Sólo importaba disfrutar de un momento único. Un reencuentro con la magia que provoca la música interpretada a través de un genio. Fue una noche de puro éxtasis, y como diría el gran García: Say no more.

lunes, 5 de octubre de 2009

La importancia de las alternativas que propone el cine

El español Pedro Almodóvar es uno de los pocos directores del cine contemporáneo al que se lo puede catalogar de ser digno de tener un estilo propio de autor: desde sus inicios entre lo kitsch y lo grotesco, lo argumentalmente complejo de sus relatos, y la creación de profundos y a la vez exagerados personajes que a lo largo de su filmografía se sumergieron en temáticas que oscilan entre lo bizarro, erótico, contradictorio y las diversidades sexuales.
En su nuevo film, Los abrazos rotos, Almodóvar opta por una narración en la que irá intercalando historias, tramas y personajes. Por un lado, en la actualidad se encuentra Harry Caine (impecable Lluís Homar), un cineasta que se ha quedado ciego, acto que esconderá una enredada y trágica historia llena de misterios ocurrida catorce años atrás, en la que tendrán mucho que ver su productora Judit, Ernesto (un acaudalado empresario), Lena (su amante y mujer de este último), y el hijo homosexual de Ernesto.
Como en Todo sobre mi madre, habrá una situación que se irá complejizado en el presente en base a reveladores recuerdos del pasado que irán dando a luz un film en el que cada pieza concuerda y se complementa en el lugar que le corresponde, sin necesidad de emplear recursos narrativos pretenciosos que puedan distraer y complicar innecesariamente al espectador.
Pero el conflicto se desarrollará cuando Harry le cuenta a Diego, el hijo de Judit, aquella historia trágica de amoríos, celos, venganza, culpas e infidelidad que lo llevó a la ceguera y a cambiar su nombre (Mateo Blanco) por el que es su actual seudónimo.
En gran parte, Los abrazos rotos también es un gran homenaje de Almodóvar a su destacada filmografía y al cine en general. Utiliza nuevamente el recurso del cine dentro del cine, no de manera tan poética y surrealista como en aquel corto mudo en blanco y negro que surgía en Hable con ella, sino que en este caso opta por un modo más explícito como en La ley del deseo, mostrando en un fragmento célebre de la película parte del film “Chicas y maletas” que en el pasado había filmado Harry. En este caso se pueden observar auto citas estéticas y narrativas con las que juega el español con un clásico suyo, Mujeres al borde de un ataque de nervios.
También Almodóvar se guardó un lugar en el film para homenajear a varias de sus actrices a lo largo de su filmografía, dándoles pequeños papeles a varias intérpretes de sus películas como a Chus Lampreave (¿Qué he hecho yo para merecer esto!!), Rossy de Palma (Kika), y Mariola Fuentes (Carne trémula), entre otras.
En Los abrazos rotos, el concepto “cine” es algo fundamental, y será más que destacado a partir de Harry, su protagonista, que a pesar de haber quedado ciego seguirá ligado al universo cinematográfico, como le sucedería al personaje interpretado por Woody Allen en su propio film Hollywood Ending. Pero también se pueden observar citas a temáticas voyeuristas, homenajeando a clásicos como Blowup de Michelangelo Antonioni, temas que tampoco fueron ajenos en películas anteriores de Almodóvar, ya en Kika se podía observar cierto acercamiento a Rear Window de Alfred Hitchcock.
Tampoco la película se alejará, en parte, de una estética del film noir o pre novelle vague, bien al estilo Ascenseur pour l'échafaud de Louis Malle, al cual Almodóvar cita al pie de la letra mostrando una imagen de tal realización. En un momento, Harry le dirá a Diego que quería escuchar la voz de Jeanne Moreau, pudiendo ser que esta le haga recordar a su amada Lena, personaje que logra una de las mejores interpretaciones de Penélope Cruz en su carrera.
Los abrazos rotos es más que un drama pasional, es un ejemplo de cómo a partir de una narración de tinte complejo y distintos ejes temporales donde predominan los flashbacks, se puede lograr una obra interesante y bien lograda sin que ninguna de las subtramas carezca de verosimilitud, algo que en el cine actual hace que por lo pretencioso de sus realizadores, cada parte pierda un poco de ese encaje de conexión con la otra, para ser más preciso un caso sería el de Babel de Alejandro González Iñárritu.
El único punto flojo del film es que por momentos se vuelve predecible en determinados temas y lo que venía siendo una historia atrapante y con un importante grado de tensión se torna un tanto convencional, aunque sin opacar sus méritos.
En conclusión, Los abrazos rotos es otro buen film que reafirma nuevamente esta interesante faceta de Almodóvar en la que se podría interpretar que muchos de sus personajes van de a poco completando su álter ego, como en este caso lo es Harry, también lo fue el personaje de Fele Martínez en La mala educación o más atrás en el tiempo el de Eusebio Poncela en La ley del deseo; y a partir de esto poder lograr una historia compleja pero a su vez accesible, siempre dejando el mensaje que caracteriza a un gran cinéfilo como es el español: que lo importante es el cine y saber manejar sus distintos recursos para hacer películas.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Hacer pensar y entretener

Los que esperen un simple film de ciencia ficción se llevarán una grata sorpresa con District 9 del sudafricano Neil Blomkamp, siendo que la película es más un film político que uno de extraterrestres, tratando duros temas como la segregación y la discriminación a los inmigrantes; eso si, en una obra dónde el entretenimiento no está dejado de lado.
El film narra a modo de falso documental la llegada de hace unos supuestos veinte años de los alienígenas a La Tierra, los cuales fueron alojados en una especie de ghetto: el Sector 9. Lo interesante de la obra (que ésta marcará desde un principio) es que los extraterrestres llegan a Johannesburgo y no a una ciudad “top” estadounidense como Nueva York.
A partir de este gran indicio se puede ver el carácter anticapitalista de District 9, diferenciándose del universo ostentoso de films hollywoodenses repletos de efectos especiales, actores estelares e insignias ultranacionalistas como Independence Day de Roland Emmerich; en este caso, la obra de Blomkamp se ocupa menos de distraer con los FX y más por el desarrollo de la temática, la cual podemos situar afín a lo acontecido en el Apartheid allá por la segunda mitad del siglo XX en Sudáfrica.
Johannesburgo sería una ciudad clave en lo sucedido en aquel movimiento de segregación de la población de raza negra, en District 9 ésta es “suplantada” por los alienígenas, los cuales serán, en parte, excluidos de la sociedad en un territorio marginal, aunque la denuncia inicial no llegará solo a ese punto figural de hacer una distinción étnica (o interplanetaria), sino que en el mismo sector se encontraran grupos de nigerianos, los cuales tomarán un papel mafioso y serán los que se encargarán de comerciar con los extraterrestres, o sea representarán el papel de los humanos (inmigrantes y negros) marginales de la sociedad, tratando Blomkamp de incidir en que el presente sigue siendo el mismo, y no sólo en la ficción.
Ahí se encuentra uno de los puntos centrales del film: la discriminación hacia los distintos; y no será casualidad que los organismos del poder que manejan y querrán desalojar el Sector 9 sean en su mayoría de raza blanca, como los que dominaban en la época del Apartheid. Aquí se los intenta desalojar a los extraterrestres, como en su momento se le quitaría los derechos políticos, económicos y sociales al pueblo sudafricano de raza negra.
Los que se encargarán de desalojar a los alienígenas serán la fuerzas de la empresa multinacional dedicada al armamento militar MNU, quiénes durante los veinte años que los extraterrestres se encuentran varados en Johannesburgo debido a imperfectos en su nave madre se dedican a experimentar con ellos para descifrar los secretos de su tecnología y aprender acerca de su armamento superior.
La misión de desalojo estará a cargo de un apático padre de familia y yerno de uno de los directivos de MNU, Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), quién en una de sus visitas al acampado, contraerá un virus alienígena que lo irá transformando de a poco en uno de ellos, bien al estilo The Fly de David Cronenberg. A todo esto, Wikus se convertirá en el antihéroe y se dará a la fuga, siendo buscado para ser producto de diversos experimentos.
Es destacable que Blomkamp no exagere con los efectos especiales, y se nota claramente que esa no es su intención, sino que siendo cauto en la materia, nos muestra un film de carácter más verosímil dentro de una realidad fantástica a través de la narración documental, utilizando en varios tramos la cámara en mano. También se destaca una fotografía agria (compuesta por Trent Opaloch), distinta a los clásicos films de extraterrestres (solo se podría decir que encuentra particularidades con Starship Troopers de Paul Verhoeven), y similar a la estética de películas sobre guerras y asuntos militares de finales del siglo XX y principios del XXI, más que nada a The Black Hawk Down de Ridley Scott.
Pero Blomkamp construye con District 9 una obra muy inteligente en todo sentido (en eso debe estar el hecho de que Peter Jackson sea el productor y se haya interesado por el trabajo del sudafricano), desde un profundo guión (que escribió junto a Terri Tatchell), hasta la caracterización de los alienígenas a partir de paralelismos con el universo de la ciencia ficción, lejos de los amigables de Close Encounters of the Third Kind de Steven Spielberg y sí físicamente a lo Predator de John Mc Tiernan. El sudafricano destaca a los extraterrestres con similar carácter al de los humanos y de fácil adaptación a la vida de éstos, como le sucedía a Gordon Schumway en la serie televisiva ALF, eso sí, en vez de ansiar alimentarse con gatos, éstos se enloquecen con la comida en lata para felinos.
Respecto al armamento de los alienígenas que tanto ansía controlar la MNU, se puede decir que son armas grotescamente destructivas como las vistas en Mars Attack! de Tim Burton, y en cierto modo también se pueden observar armaduras robotizadas al estilo del ED-209 en RoboCop de Verhoeven o a los robots de la serie animada Transformers.
District 9 es un film diferente, entre el documental, la ciencia ficción y marcadas insinuaciones políticas hacen que la película de Blomkamp sea un producto de gran factura dentro del cine actual, tanto por su carácter pensante como por sus altas cuotas de entretenimiento.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Un bastardo con gloria

Quentin Tarantino es el cineasta más ingenioso y provocador del cine contemporáneo. Hace casi dos décadas, que con films tanto entretenidos como intelectuales, se fue convirtiendo en un realizador con un estilo propio de un gran conocedor de la materia cinematográfica, destacando en sus películas una estética vistosa y el empleo de diversos recursos, como temáticas de extrema violencia, pero a su vez con un gran sentido del humor. El estadounidense es el gran maestro de la cita, de los conocimientos acerca de cómo hacer cine, de crear mundos llenos de personajes de una gran personalidad a través de guiones sofisticados repletos de elocuentes diálogos y efectivas estructuras narrativas.
En Inglourious Basterds, Tarantino vuelve a deleitar con su virtuosismo, tanto con el visual como el de contar historias, las cuales se irán intercalando para enriquecer a la obra, ya que con este nuevo film (como lo fue en la saga Kill Bill) vuelve a la subdivisión en capítulos, y en este casi serán cinco presentaciones que se complementaran para darle fuerza a la narración.
La película principalmente tratará temas recurrentes en el cine de Tarantino como la venganza, la violencia, el heroísmo y la sátira. En Inglourious Basterds se puede decir que de cierto modo se esta reescribiendo la historia ya que el film se centrará en los hechos de la Segunda Guerra Mundial, aunque con consecuencias alternativas a los hechos reales.
La ficción se centra en las peripecias de un escuadrón de soldados suicidas, los cuales liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) no harán otra cosa que matar nazis de la manera más despiadada. Estos hombres serán denominados “Los Bastardos” y harán cosas como quitarle el cuero cabelludo a cada una de sus victimas como destrozarles la cabeza con un bate de baseball, por lo cual serán el temor de cada alemán que escuche el rumor de su existencia.
Paralelamente se encadenará a los hechos el proceder de Shosanna (Mélanie Laurent), una joven judía francesa quién sufrió la muerte de su familia en manos del ejército alemán y que albergará en su cine el estreno de un film nazi al cual asistirán los principales miembros del Tercer Reich: Adolf Hitler, Joseph Goebbels y Hermann Göring, y obviamente su idea será aniquilarlos y saciar su sangre vengativa.
En este caso se podrá ver la importancia de los personajes femeninos en el cine de Tarantino, ya que Shosanna tendrá la misma o mayor fortaleza que los hombres y nada impedirá que cumpla con su cometido, como podríamos situar a los personajes de Pam Grier en Jackie Brown, Uma Thurman en Kill Bill o el rudo grupo de señoritas que justiciaría a Kurt Russell en Death Proof.
Pero como todo film del estadounidense, Inglourious Basterds es un homenaje al cine, una obra repleta de guiños, no solo al clásico cine bélico como The Dirty Dozen de Robert Aldrich y al sarcasmo de Cross of Iron de Sam Peckinpah; sino más a los films de Sergio Leone, ya que se podría decir que este último film de Tarantino es en gran parte un spaghetti western y podría ser una especie de Il buono, il brutto, il cattivo (El bueno, el malo y el feo) en el marco de la Segunda Guerra Mundial, desde la estructura narrativa y la caracterización de sus personajes hasta los arreglos musicales.
Pero Tarantino no solo deleita con sus citas, tanto a films clásicos como propios, sino que debe ser el director moderno que más aprovecha los recursos que le da el cine, para hacer de estos una especie de collage plástico con la imagen (cuestión que había explotado al máximo en Kill Bill), desde cámaras lentas, el pausar de las acciones, los impactantes planos detalle, como la superposición de títulos que indiquen la importancia de personajes, lugares y situaciones.
También es fundamental como el realizador de Pulp Fiction usa magestualmente los diálogos, expresiones, primeros planos y movimientos de cámara para atrapar al espectador, como lo será en la introducción con un exquisito parlamento entre el siniestro coronel Hans Landa (gran interpretación de Christoph Waltz) y el francés que albergaba a la familia de Shosanna, larga escena (al estilo Thurman/David Carradine en el desenlace de Kill Bill Vol. II) que excede los veinte minutos sin nunca hacer perder la tensión, esa que el estadounidense mantiene extraordinariamente gracias a su capacidad para contar cada fragmento de sus historias.
Pero por sobre todas las cosas, hay que decir que Tarantino es un detallista, no sólo en cada cuadro y diálogo, sino también en la excelente selección musical, desde diversas melodías del mítico Ennio Morricone hasta una brillante escena dibujada con «Cat People (Putting Out The Fire)» de David Bowie. Otro punto para destacar de Inglourious Basterds es la diversidad de idiomas que les dan gran verosimilitud a una trama que está desarrollada en base a varios personajes alemanes y franceses, cuestión poco frecuente en las producciones estadounidenses que generalmente optan por un inglés con acento “extranjero”.
Inglourious Basterds no será una obra de culto como Reservoir Dogs o Pulp Fiction, pero si es un gran film, otro homenaje de Quentin Tarantino hacia el cine, concretando una película desquiciada, profunda y asfixiante desde lo visual hasta lo narrativo, que hace ver a su realizador como un gran bastardo, pero de aquellos llenos de gloria.

viernes, 28 de agosto de 2009

Elegante, aunque superficial

Gabrielle “Coco” Chanel fue una de las modistas más importantes del siglo XX, y la sencillez y elegancia de sus diseños siguen perdurando y dando que hablar en el mundo de la moda en la actualidad.
Con Coco avant Chanel, la directora francesa Anne Fontaine recrea gran parte de la vida de Chanel hasta convertirse en el ícono que llegaría a ser, destacando su pobre y desdichada infancia, sus inicios de joven como cantante de cabaret, cómo sus augurios por insertarse en el mundo de la burguesía.
La película de Fontaine recrea sin sobresaltos la historia de la elegante dama, la cual interpreta de gran manera Audrey Tautou (recordada por aquel encantador papel protagónico en la Le fabuleux destin d'Amélie Poulain de Jean-Pierre Jeunet), quién con su actuación aporta lo más interesante del film, como también lo será el diseño de vestuario de Catherine Laterrier, que está realizado intachablemente como debiera ser digna una obra de tales características.
Pero Coco avant Chanel peca de conformista, simplemente intenta narrar una historia correcta, destaca en la joven Chanel una personalidad imponente y un carácter perfeccionista, como sus controvertidas relaciones con sus amantes Étienne Balsan (Benoît Poelvoorde) y Arthur “Boy” Capel (Alessandro Nivola), pero no profundiza en eso. Fontaine nunca va más allá, ya que desde el primer plano del film se puede intuir que la directora no ahondará en los que podrían ser los hechos más provocativos e interesantes de la historia que va a narrar, marcas que se notan de un guión mediocre (que escribió junto a su hermana Camille) que está cargado de diálogos intrascendentes que no ayudan en nada.
En fin, Coco avant Chanel es otro biográfico film convencional, que a pesar de factores positivos como la interpretación de Tautou o algunas delicadezas técnicas, la película de Fontaine abarca una historia correcta, pero a su vez fría, superficial y carente de pasión.

lunes, 17 de agosto de 2009

Tensionante clima infernal

Luego de realizar la trilogía de Spider Man, el director estadounidense Sam Raimi vuelve hacia el género de sus comienzos: el cine de terror. Con su nuevo film, Drag Me to Hell (Arrástrame al infierno), retorna a ese universo espeluznante de realizaciones anteriores como The Evil Dead o Army of Darkness.
Esta nueva obra narra la historia de Christine Brown (Alison Lohman), una joven ambiciosa que trabaja para una firma bancaria. Ella le negará una nueva prórroga en el pago de su hipoteca a Sylvia Ganush (Lorna Raver), una gitana mayor de edad que le pide de rodillas no perder su hogar. La cuestión es, que al ser denegado su pedido, la anciana enloquecerá y le propiciará la maldición de la Lamia, por la cual espíritus malignos la atormentarán por tres días hasta querer llevarse su alma al infierno.
Con Drag Me to Hell, Raimi demuestra una vez más que tiene una gran vocación para manejar la tensión en el público, que sabe manejar con grandilocuencia los elementos básicos del género y amoldarlos a un estilo propio que no dejará respiro ni a los personajes dentro del film, ni a los espectadores que se encuentren frente a la pantalla siguiendo las desventuras de Christine.
En esta película, Raimi no necesita abusar de ostentosos efectos visuales digitalizados para asustar o crear un clima terrorífico, sino que mayormente se basa en la música, el sonido e ingeniosos movimientos de cámara, como también en un guión (que escribió junto a su hermano Ivan) correcto y sin fisuras que a partir de su estructura narrativa mantiene el suspenso hasta el final.
Otro punto curiosos e interesante de Drag Me to Hell es una composición musical del argentino Lalo Schifrin, la cual había compuesto originalmente para el clásico The Exorcist de William Friedkin y no fue utilizada. En este caso, Raimi recurre a la macabra melodía para los créditos finales.
Raimi construye una obra ingeniosa y entretenida en su vuelta a ese universo aterrador y bizarro que tan bien lo había caracterizado, y con tintes de humor negro y situaciones grotescas, al estilo de sus primeros films como la saga de The Evil Dead o Bad Taste de su contemporáneo Peter Jackson, concreta con Drag Me to Hell una película muy bien lograda que no dejará indiferentes a los fanáticos del género.

jueves, 13 de agosto de 2009

Woody Allen: la filmografía de un genio

Los libros biográficos o de entrevistas a artistas consagrados generalmente son interesantes, llamativos y, en algunos casos, reveladores. Con Conversaciones con Woody Allen, el periodista estadounidense Eric Lax no constituye la excepción y presenta una vital narración de distintos tópicos de la carrera del cineasta a través de extensos y entretenidos diálogos que mantuvieron juntos entre 1971 y 2007.
Lax es el biógrafo oficial de Allen y un gran experto en lo que se refiere a la obra cinematográfica del neoyorquino, lo que le permitió tener un acceso privilegiado a sus rodajes y al proceso de elaboración de sus films. También hay que destacar que fue el autor de Woody Allen: una biografía.
Woody Allen es uno grandes cineastas de la segunda mitad del siglo XX, creador de geniales films como Annie Hall, Manhattan y Deconstructing Harry, como de inmortales personajes como Alvy Singer, Isaac Davis y Harry Block. A lo largo de las casi 500 páginas de este nuevo ejemplar de Lax y publicado por Editorial Lumen, se podrán disfrutar largas charlas que el periodista mantuvo con Allen, en las que éste no solo se refiere a sus películas y personajes, sino que habla también de sus influencias, ídolos y demás sorpresas.
El libro está dividido en ocho capítulos: “La idea”, “El Guión”, “Reparto, actores e interpretación”, “Rodaje, platós, localizaciones”, “Dirección”, “Montaje”, “Música” y “La profesión de cineasta”. Esta distribución es fundamental para el recorrido de su obra y muy acertada para una correcta lectura de cada tema.
Cuando Lax le pregunta porqué para él, Match Point le había quedado tan bien, Allen responde: “Creo que ha tenido que ver con varias cosas. Una es que no me he visto limitado a la comedia. He podido hacer lo que he querido. No tenía que pensar ‘Voy a hacer una película pero tiene que ser una comedia’, o ‘Tengo que salir en ella’. En este caso no he tenido restricciones de ningún tipo, así que he podido hacer la película que quería. Creo que he escrito un buen guión, y he podido llevarlo a la pantalla con todos los recursos a mi alcance”.
Conversaciones con Woody Allen abarca tantos motivos como los de la filmografía del gran realizador, como son su labor como director, actor y guionista a través de deslumbrantes y reveladoras anécdotas. También comenta acerca de sus actores favoritos como Marlon Brando, John Cusack y Jack Nicholson o destaca a sus actrices predilectas como Diane Keaton y Mia Farrow.
También en el marco de las entrevistas habrá lugar para las grandes obras de la historia del cine y un juicio personal de Allen sobre grandes directores como Charles Chaplin, Orson Welles, Ingmar Bergman, Federico Fellini y Vittorio de Sica.
Resulta también muy interesante lo autocrítico de Allen, por ejemplo cuando habla de The Curse of the Jade Scorpion de 2001 “Con esa película defraude a un reparto de un talento excepcional (…) para mi, personalmente, puede que sea la peor película que he hecho, y eso que hay muchas candidatas para dicho puesto. Me mata trabajar con un elenco tan brillante y no ser capaz de estar a la altura”.
En conclusión, Conversaciones con Woody Allen es un texto entretenido y atrapante por el recorrido de la impactante carrera del cineasta que propone Lax, como por los atractivos fotogramas de cada film que ilustran la publicación y le dan un condimento más a su excelente factura.