lunes, 21 de abril de 2008

Merci pour la musique


El domingo a la noche cuando salimos de Niceto Club con el Gitano, le decía: “que lástima los que no pudieron venir, o los que no lo conocen ¡qué recital se perdieron!”. Toda referencia de aquella noche es para el talentoso músico francés Benjamin Biolay.
Para aquellos que no saben nada de él, hay que decir que Biolay tiene 35 años y lleva una importante carrera musical en donde ha experimentado múltiples estilos como el rock, el pop, la electrónica, el jazz, el folk, como también sonidos psicodélicos o gipsys. Esto y otras tantas cosas lo hacen un músico más que interesante, y mucho de aquello se pudo comprobar el fin de semana último acá en Buenos Aires.
El multiinstrumentista-se lo pudo observar tocar la guitarra (acústica y eléctrica), el piano, la trompeta y sintetizadores- nacido en Rhône-Alphes brindó un show impecable, en donde en un transcurso superior a las dos horas repaso varios de sus mejores temas.
El denominado por muchos como el Serge Gainsbourg de los tiempos modernos, deleito con una variada selección de temas de sus diversos discos. Sonaron lindos temas como, Los Angeles, Jardín d’ hiver, Mon amour m`a baisé y Ground zèro bar; dos temazos de su último disco Trash Yéyé como Qu’est ce que ça peut faire y Dans la Merco Benz y una bellísima versión de la balada Ballade du Mois de Juin, del gran disco Home de 2004 que realizó junto a su ex esposa, la actriz Chiara Mastroianni, ¡sí! la hija del gran Marcello.
También se lo pudo ver al francés -casi siempre con cigarrillo en mano- realizar una seguidilla de covers muy bien logrados entre los que se destacaron There Is A Light That Never Goes Out de The Smiths, Clint Eastwood de Gorrillaz y el clásico jazero compuesto por Herman Hupfeld As Time Goes By, el cual se haría famoso con la película Casablanca de Michael Curtiz.
En términos generales, el concierto que dio Biolay en Niceto fue espectacular... una velada digna de codearse con las mejores, en la que la música tomo un papel fundamental ¡que bien que sonó!, y como dijo el francés en medio del recital -se le entendió mediante traductor de por medio- “nosotros no vinimos hasta acá por la discográfica o nada por el estilo, sino por la gente que disfruta de la música que hacemos”... sin mucho más que decir de mi parte concluyo de esta manera, ya que a veces una pequeña frase puede decir mucho... y también mucho fue lo que se disfrutó del show del domingo. Au revoir!!.

sábado, 19 de abril de 2008

Noche Glam

¡Viva el Glam! Sin dudas debo decir que el recital de los New York Dolls que presencié ayer por la noche fue genial, que fueron casi dos horas de un show brillante en el que se vibro la mejor música de la mano de una de las bandas icono de los setenta, quienes junto a David Bowie y Marc Bolan & T-Rex fueron construyendo un género.
La banda liderada por David Johansen-que junto a Sylvain Sylvain son los únicos miembros originales que se mantienen en el conjunto- mostró un gran nivel, una importante carisma y exponiendo toda su energía, demostraron que a pesar de que los años pasen, mantienen las ganas de tocar más intactas que nunca.
A lo largo del show, que se produjo en un The Roxy que estaba semi colmado, y tras la presentación de El Club de Marilyn-una banda Glam local sin mucho brillo-y Coverhead-una rockera que dejó mucho que desear-los New York Dolls repasaron varios temas de su último disco One Day It Will Please Us to Remember Even This, entre los que se destacó una gran versión del tema We're All In Love. Otro momento culmine fue cuando los precursores del Glam interpretaron de gran manera el tema Piece Of My Heart de Janis Joplin.
El recital tuvo varios puntos altos, en donde el público constantemente se conectó con la banda estadounidense, quienes con toda su carisma y pleno diálogo con la gente, brindaron una extensa cantidad de sus más aclamados hits.
En un momento el talentoso y simpático Sylvain empezó a jugar con el público con la arenga “Do you like pills?”, luego rió y al rato el glamoroso Johansen, con su pañuelo rosa colgado del cuello, empezó a entonar Pills para enloquecer a los espectadores.
También, en el transcurso de la velada, sonaron grandes temas de los imprescindibles discos New York Dolls de 1973 y Too Much Too Soon de 1974 como Puss ‘n Boots, Looking For A Kiss y Subway Train.
Quizás los dos momentos más espectaculares de la noche fueron cuando tocaron uno tras otro dos temazos como Trash y Jet Boy-gran versión de este último con solos de guitarra extendiendo el tema por parte de Sylvain y Steve Conte-, en tanto que el segundo instante más estremecedor fue cuando entonaron de manera brillante el clásico Personality Crisis, en donde la mayoría del público vibró como nunca en toda la noche.
En conclusión, fue un gran show... de esos que quedan en el recuerdo y uno espera que se repitan. Los New York Dolls demostraron que son una banda mítica y se encuentran con un gran presente, en donde se los vio intactos y muy agradecidos con el público de Buenos Aires, quienes le hicieron el aguante a lo largo de toda la noche. ¡Viva el Glam!¡y viva los New York Dolls!.

domingo, 6 de abril de 2008

Barajas

Como todos los domingos, la cita del poker era en un sitio ficticio llamado “El purgatorio” al que Daniel y Samuel concurrían sin falta, semana tras semana. Como era habitual mientras se mantenían en la sala de espera, estaban a punto de desenvainar sus navajas por sus ya épicas discusiones metafísicas.
Al rato, encerrado en su anorak negro y cargando su moderna arma agrícola, se empezaron a escuchar sigilosamente los pasos de Monti.
-Era hora, siempre llegando tarde, caballero- susurra Daniel mientras se secaba el sudor del bigote.
-Perdón, es que el Mustang cada vez anda peor, encima el mecánico siempre me estafa con que es un problema de dirección.
Adelantándose y relamiéndose de alegría al ver que su otro contrincante estaba en la arena de batalla, Samuel fue a la barra a servir unos martinis, no antes de poner un Lp de Serge Gainsbourg. Al minuto era el primero en sentarse en una mesa redonda que habían comprado años atrás en una subasta por Mercado libre. Agarró el mazo, se puso a mezclar y como si alguien le hubiera dado cuerda comenzó a reír diabólicamente en reiteradas ocasiones.
-¿Mucho laburo, Monti?- le dice Samuel mientras comienza a repartir los naipes.
-Sí-suspira 23 veces- a mi siempre me toca hacer el trabajo sucio, aunque sea no me complico en la oficina como ustedes, compañeros.
-Ehh, paren nos olvidamos de algo, ¿hoy toca Texas Hold ‘em, no?- pronuncia Daniel tratando de imponer su clásica autoridad.
-Obvio- dicen a coro los otros dos en tono burlón.
Entre anécdotas y carcajadas, los tres amigos comenzaron su partida. El motín iba pasando de un lado a otro de la mesa, las horas transcurrían, las copas se vaciaban y los ceniceros se sobre poblaban.
-¿Qué tal estuvo su día, compañeros?- trancurridas cuatro horas les pregunta Monti con una cara de “hagamos tiempo que si sigo así no llego a fin de mes”.
-Fue una noche muy larga, fuimos con unos locos al boliche a bailar Drum & Bass y entre un cóctel de mescalina y éter terminamos en una orgía con un grupo de colegialas a las que les entramos diciéndoles que éramos extranjeros- cuenta Samuel mientras saborea su whisky-¿y vos qué onda, Daniel?.
-Ayer fue tranquilo, fútbol con los muchachos del barrio en el parque, pero como saben a mi lo que me mata son los domingos, debo ser uno de los únicos boludos que se levantan bien temprano a laburar. Encima para escuchar a aquel que me dice “quiero estar bien de salud” o “no consigo trabajo” ¡pero malditos!¿por qué carajo no dejan el cigarrillo, los deportes extremos y compran el clasificados?.
-Sí, la gente es un desastre-dice Monti mientas mueve entre sus dedos las pocas fichas que le quedaban-, estos seres no entienden, piensan que se las saben todas y que llevan la capa de Superman. Hoy un salame empilchado de Ralph Lauren al que le dije que ya era la hora de viajar, me decía que no. Me suplicaba que corría maratones, no ingería alimentos con grasas trans, que apenas tocó a su mujer luego de realizar los votos matrimoniales, le pasaba una mensualidad a su suegra y encima no conducía borracho. Eso sí, el tan boludo tuvo la magnífica idea de quedarse colgado observándole los pechos a una joven que se cruzó en medio de Avenida Del Libertador y ¡pufff! Un taxi Renault 12 se lo llevó por delante. Y tan solo pensar que unas voluptuosas esculturas ¿naturales? se llevaron su vida “modelo”.
Sus miradas ya se perdían entre risas y rencores. Las agujas del reloj ya habían recorrido extensos kilómetros desde que todo había comenzado, en tanto que las cartas ya estaban nuevamente en manos de cada uno: un par de J para Daniel, un 9 y una Q para Monti y un 7 y un 10 para Samuel. Daniel entra con dos fichas de 10 pesos, en tanto que los otros dos igualan la apuesta. Samuel descubre las cartas y el Flop resulta ser un A, una K y un 7.
-100- tira Daniel las fichas sobre la mesa mientras prendía su cigarrillo ilegal.
-Me voy, ¡qué hijo de puta! Seguro tiene el A o una pierna- tartamudea Monti.
-¡Qué sean 100 y 200 más- lo provoca Samuel mientras se desabrocha su saco de cuero rojo.
-Pongo.
La cuarta carta o el Turn terminó siendo otro A y dejó a los dos mirándose fijamente como si estuvieran batiéndose a duelo.
-¡Rápido que no somos inmortales!- grita Monti mientras sirve otra tanda de martinis.
Ambos, como queriéndose desentender de la situación apuestan apenas cinco pesos para ver la carta final. La crucial instancia The River termina siendo un 8.
-Paso.
-¡Voy con todo!¿cuánto te queda?¿apostás o te vas a casa con apenas esas migajas?- sonríe Daniel.
-Me voy, ya fue mucha guita por hoy ¡ya nos veremos la próxima, desgraciados!.

lunes, 31 de marzo de 2008

Crónica de un show brillante

“¡Qué groso, loco!¡vimos a Ozzy!” le decía a Juan... “Quiero un abuelo como él”, me contestaba mi amigo. Debo decir que el show que dio el Sr. Osbourne el domingo en el Quilmes Rock fue impecable, de alto vuelo... catorce temas con los que se vibró a full.
Fue una noche más que agradable en el estadio de River Plate. Todo comenzó-o al menos para nosotros- con la presentación de Rata Blanca, quienes brindaron un show aceptable en donde repasaron sus éxitos y sorprendieron con una buena versión instrumental del clásico de Pink Floyd Confortably Numb.
Después se dio la sorpresa de un mini show del genial Carca-el cual no estaba anunciado-, quién hizo un homenaje al rock nacional repasando tres clásicos: Despiértate nena de Pescado Rabioso, No pibe de Manal y cerrando con el hit Rutas Argentinas de Almendra. Lo lamentable de la noche fue que un grupo de energúmenos empezó a arrojarle cosas a Carca ¡increíble!, se ve que algunos no están capacitados para disfrutar de uno de los mejores músicos de la movida under de los últimos tiempos, que encima estaba interpretando de manera brillante un clásico compuesto por el inigualable Luis Alberto Spinetta ¡patético!¡de no creer!. Igual el excéntrico músico se retiró siendo irónico con aquellos idiotas, mientras los que apreciamos de la buena música le brindamos unos merecidos aplausos.
Luego vino el turno del popular grupo estadounidense Korn, de los cuales debo decir que no son de mi mayor agrado, aunque admito que dieron un show más que respetable a partir de la carisma de su líder Jonathan Davis, y hasta llegando a tener puntos altos cuando tocaron hits como Freak On A Leash, Got the Life y Blind.
De ahí en más todos comenzamos a gritar por la aparición de quién iba a ser la estrella principal de la noche, el gran Ozzy Osbourne. Unos minutos antes, como anticipo, se pudieron observar en las pantallas gigantes unos videos bizarros que interpretaba la estrella del metal, en donde parodiaba a la película The Queen de Stephen Frears y a reconocidas series de TV como The Sopranos, entre otras.
Alrededor de las 22.30, el ídolo apareció en escena y toda la multitud que se hizo presente –alrededor de 60 mil personas- empezó a disfrutar de la diabólica risa del británico, quien junto a su banda comenzaban a tocar I Don´t Want To Stop.
Decir que el recital fue increíble es poco... se gozó del mejor rock posible y de una estrella al cual parece que sus 59 años no le pesan para nada. Se lo pudo ver a Ozzy saltar, correr de aquí para allá, levantar al público con sus reiteradas arengas y hasta mostrar su trasero en medio del show.
El ex líder de la fenomenal Black Sabbath deslumbró con varios de sus geniales éxitos al tocar clásicos como Bark At The Moon, Mr. Crowley, Change The World y Mama I Coming Home, así como también grandes temas de aquella mítica banda del metal como War Pigs, Carzy Train y Iron Man.
¿Se preguntan por el cierre? Qué más que el monumental temazo Paranoid para hacer explotar el estadio y dejar emocionados a todos los fanáticos con una versión sublime.
Fue una noche inolvidable para todos los que dimos el presente, un recital como hace bastante no se veía, el cual tuvo toda la energía y la carisma de un grande, quién más de una vez se lo pudo ver sonreír y quedar deslumbrado por la pasión del público argentino, de aquellos que aman la música y humildemente le decimos ¡Gracias Ozzy!.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Estupor

Era una tarde de transición entre el verano y el otoño, las almas no sabían si transpirar o caer, cada instante era una pregunta, una secuencia de lo que estaba sucediendo en lo profundo de su ser, en esas ventanas que cada vez se venían abriendo más y hacían parecer que lo que se encontraba lejos, cada vez estaba más cerca.
La ciudad estaba loca, se mareaba sola, y el joven caballero que transitaba por tales aceras se encontraba desorientado... mucha gente, ruidos, carteles y encima todo lo que venía pensando que hacía que su latidos crezcan atrozmente.
De repente, mientras una canción de jazz escuchaba, sintió una vibración en su muslo izquierdo y se sorprendió, por lo que paró su marcha por un segundo. Era ella, aquella princesa que el destino le venía manifestando que cada día tendría mas importancia en su vida. Al principio sonrió, luego se dispuso a intercambiar una que otra frase con ella; pero al rato, el tiempo se detuvo, él ya la venía notando distinta, no en su esencia, sino en su estado anímico que venía levantando vuelo.
Todo le parecía que empezaba a flotar y girar, él se quedó paralizado, el rumbo de la situación había cambiado, o mejor dicho estaba llegando a su punto culmine. El muchacho optó por bajarse de su caballo y recostarse un rato en un enorme ombú que había visto. Ya no se podía mantener más en pie, su cuerpo le sudaba y de a ratos temblaba, era como si ella con su energía le estuviera pasando toda esa excitación que contenía.
Nada tenía ya que ver con nada. La tecnología hace rato había dejado de tener la función de tecnología para ser tan solo el medio de un intercambio placentero, mágico y encantador.
Él no comprendía mucho de lo que pasaba, pero sí que lo disfrutaba; hasta que de repente sintió que se escuchaban unas bellas melodías de infinita pasión entre rubíes y botes que chocaban entre olas de almejas empapadas, desparramando una mezcla de gritos entre el cantar de unos pájaros, para hacer volar un poema e incrustarlo en un aura.
Ella le contagió los suspiros, después entre palabras entrecortadas y tartamudeos no intencionales, pudieron apreciar una sonrisa mutua, un momento extraño, loco, diferente y hasta sorprendente para una rutinaria tarde que ya era atípica, para terminar siendo de aquellas que perduran en la memoria.
La intercepción de almas ya se había cortado y con una canción había finalizado, entonces el miró el cielo, se enterneció con esa estrella que no estaba, pero si observaba y continuó su travesía, la cual ahora sería una aventura mucho más que atractiva, al compás de aquellas melodías que no se borrarían.


Creado en 2007.

lunes, 17 de marzo de 2008

Presenciando a una leyenda

La noche del sábado fue más que agradable, ya sea por lo cálido del día, como por lo que implicaba sentimentalmente tener a un ídolo tan de cerca. Eran más de unas 20 mil personas que concurrieron al estadio de Vélez Sársfield que podrán decir que presenciaron un buen show de uno de los mitos vivientes de la música. El que estaba frente a la multitud era el gran Bob Dylan que a lo largo de casi dos horas repaso a través de 18 de sus temas, una parte del genial repertorio de una carrera brillante.
Fue un recital de aquellos históricos, en donde por momentos dejaba de tener relevancia si el show que brindaba el estadounidense era más o menos extraordinario, ya que de seguro para los que se hicieron presentes quedará en el recuerdo que a partir de que arrancó el espectáculo cuando comenzó a sonar Rainy Day Women #12 & 35, de aquel momento hasta el final dio la sensación -y la emoción- de tener a una de las leyendas del rock a tan solo unos metros.
Retrocediéndose un rato en el tiempo hay que decir que se hizo presente como telonero León Gieco, quién contó en el final de su presentación con la colaboración de Gustavo Santaolalla, en tanto que casi cuando estaba finalizando su repertorio se dio la primera gran sorpresa de la noche, la presencia de otra leyenda del rock: el genial Charly García, quién toco la guitarra eléctrica y cantó junto a Gieco, haciéndose presente con el discurso “todo sea por Bobby”.
Pero volviendo a lo central de la noche, hay que decir que Dylan brindó un buen espectáculo, en donde fue acompañado por un muy buen grupo de músicos, en una velada que lo vio al estadounidense tocando la guitarra eléctrica en los tres primeros temas, para a partir de ahí asentarse en el órgano hasta la culminación del show.
A lo largo de la sesión, hay que decir que Dylan repasó grandes temas su último y gran disco Modern Times, como también realizó grandes interpretaciones –y versiones totalmente distintas como suele acostumbrar- de grandes hits como Lay, Lady, Lay, Watching The River Flow, Just Like A Woman, Highway 61 Revisited, Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again, All Along The Watchtower y el legendario clásico Like A Rolling Stone, en donde se observó vibrar al público con mayor esplendor a lo largo de la noche.
Por otro lado, quizás el momento más llamativo del concierto, fue cuando Dylan interpretó el clásico Blowin´ In The Wind, el cual fue tan reversionado que hasta se podía notar a los más fanáticos desconocer de que tema se estaba tocando cuando sonaban los primeros acordes.
En planos generales fue una buena función, de la cual se le pueden reprochar pequeñas cosas como el casi nulo contacto de Dylan con el publico -faltó el típico “Hola Buenos Aires, Argentina...”-, como que tampoco haya tocado la guitarra acústica que tanto lo caracteriza. Algunos habrán dicho ¿por qué, Bob?, pero en fin, los maestros son así, a veces tienen sus cosas (como todos las tenemos), por eso solo hay que disfrutar de su arte, de gozar de haber tenido la oportunidad de tener tan de cerca a la leyenda del rock.

lunes, 3 de marzo de 2008

Vida

Era un cuartito muy diminuto en el subsuelo de una vieja casa. El sitio era muy oscuro, con pisos disparejos de una añeja y podrida madera, en donde sobresalía una importante humedad en las maltratadas paredes.
En el centro de este lugar, sentado en una pequeña banqueta y debajo de una lamparita que proporcionaba sus ultimas chispas de vida, se encontraba un joven solitario y muy cansado. Su aspecto era de un hombre treinta años mayor a lo que era en realidad. Ya su juventud se había transformado en olvido, sus cabellos parecían nubes a punto de sacudir una tormenta, mientras que su rostro se derrumbaba y sus expresiones se habían ido de viaje hace siglos. Pero la karma de su existencia y lo que más lo había maltratado en su vida era que sus piernas se habían quedado corriendo en un campo lejano de sueños vacíos.
Con todo el esfuerzo posible, trataba de alzar la cabeza para contemplar el único brillo que se encontraba en la habitación, pero lo veía como algo lejano, como de otra vía láctea. Sus uñas estaban verdes, sus muñecas rasgadas y sus ojos transparentes.
Ya casi no podía ver, y aunque pudiese le costaba mucho levantar sus párpados. La pastilla lo había desgastado, se la pasaba el día dentro de su vigilia imaginaria. El fin se acercaba cada día más, pero a su vez los días eran tan intensos que duraban años. Las pesadillas lo perseguían en su mundo de fantasía, en tanto que su realidad lo maltrataba tanto que ansiaba con volver a ese infierno.
Uno de las tantas tardes que trató de acabar con toda esta historia, no se mantuvo en equilibrio y se cayó de su asiento golpeándose el cráneo contra el suelo. Al rato empezó a sentir mucho frío, su cuerpo se congelaba, y la nieve que empezaba a caer en la sala en enormes cantidades, lo iba cubriendo. Sentía que estaba por volver a quedar inconsciente, que el desmayo era crónico.
Al cabo de unos minutos se encontró arropado y con el calor de una fogata. Él no entendía lo que estaba sucediendo, pero lo que más le sorprendió fue cuando giró su mirada y vio a un niño de unos dos años, de enorme cabeza pelada que lo miraba fijamente con sus ojos blancos.
El bebé puso a calentar en una olla una bebida de un color parecido al té, y cuando hirvió le convido al desolado hombre.
Con el primer trago sintió un calor que en su vida había experimentado. De a poco recobraba sus energías perdidas, su piel como por un arte sobrenatural volvía a tener color y sus heridas se sanaban, mientras que él, que no estaba acostumbrado a pronunciar palabra alguna sentía como sus cuerdas vocales se volvían a unir.
-¿Dónde estamos?.
-En el momento más hermoso que se puede llegar a estar. En un lugar donde el tiempo no progresó, el pasado se olvida, el presente no te asfixia y el futuro no es importante. En donde los días no se sufren y las noches no te hacen sentir solitario.- le responde el niño sabiamente.
-Pero...¿quién eres y qué será de nosotros?.
-Yo no soy nadie y tu tampoco, nunca lo fuimos. Somos microorganismos que recorrieron su camino flotando en una burbuja de sentimientos, los cuales transcurren en eso que se llama vida. Esa historia que unos tienen la suerte de superarla satisfactoria o erradamente. Pero solo tengo unas palabras por decirte, amigo. La vida dura lo necesario para cada uno, pero al final solo quedan los sentimientos.
A las nueve de la noche, como era habitual en la rutina diaria, la enfermera abrió la puerta para dejarle la cena a su paciente, pero todo estaba totalmente oscuro. Prendió su linterna y observó que tal hombre estaba tirado en el suelo rodeado de una laguna de sangre congelada, en tanto que la lamparita que colgaba del techo nunca más iluminaría nada.


Creado en 2006.