jueves, 13 de agosto de 2009

Woody Allen: la filmografía de un genio

Los libros biográficos o de entrevistas a artistas consagrados generalmente son interesantes, llamativos y, en algunos casos, reveladores. Con Conversaciones con Woody Allen, el periodista estadounidense Eric Lax no constituye la excepción y presenta una vital narración de distintos tópicos de la carrera del cineasta a través de extensos y entretenidos diálogos que mantuvieron juntos entre 1971 y 2007.
Lax es el biógrafo oficial de Allen y un gran experto en lo que se refiere a la obra cinematográfica del neoyorquino, lo que le permitió tener un acceso privilegiado a sus rodajes y al proceso de elaboración de sus films. También hay que destacar que fue el autor de Woody Allen: una biografía.
Woody Allen es uno grandes cineastas de la segunda mitad del siglo XX, creador de geniales films como Annie Hall, Manhattan y Deconstructing Harry, como de inmortales personajes como Alvy Singer, Isaac Davis y Harry Block. A lo largo de las casi 500 páginas de este nuevo ejemplar de Lax y publicado por Editorial Lumen, se podrán disfrutar largas charlas que el periodista mantuvo con Allen, en las que éste no solo se refiere a sus películas y personajes, sino que habla también de sus influencias, ídolos y demás sorpresas.
El libro está dividido en ocho capítulos: “La idea”, “El Guión”, “Reparto, actores e interpretación”, “Rodaje, platós, localizaciones”, “Dirección”, “Montaje”, “Música” y “La profesión de cineasta”. Esta distribución es fundamental para el recorrido de su obra y muy acertada para una correcta lectura de cada tema.
Cuando Lax le pregunta porqué para él, Match Point le había quedado tan bien, Allen responde: “Creo que ha tenido que ver con varias cosas. Una es que no me he visto limitado a la comedia. He podido hacer lo que he querido. No tenía que pensar ‘Voy a hacer una película pero tiene que ser una comedia’, o ‘Tengo que salir en ella’. En este caso no he tenido restricciones de ningún tipo, así que he podido hacer la película que quería. Creo que he escrito un buen guión, y he podido llevarlo a la pantalla con todos los recursos a mi alcance”.
Conversaciones con Woody Allen abarca tantos motivos como los de la filmografía del gran realizador, como son su labor como director, actor y guionista a través de deslumbrantes y reveladoras anécdotas. También comenta acerca de sus actores favoritos como Marlon Brando, John Cusack y Jack Nicholson o destaca a sus actrices predilectas como Diane Keaton y Mia Farrow.
También en el marco de las entrevistas habrá lugar para las grandes obras de la historia del cine y un juicio personal de Allen sobre grandes directores como Charles Chaplin, Orson Welles, Ingmar Bergman, Federico Fellini y Vittorio de Sica.
Resulta también muy interesante lo autocrítico de Allen, por ejemplo cuando habla de The Curse of the Jade Scorpion de 2001 “Con esa película defraude a un reparto de un talento excepcional (…) para mi, personalmente, puede que sea la peor película que he hecho, y eso que hay muchas candidatas para dicho puesto. Me mata trabajar con un elenco tan brillante y no ser capaz de estar a la altura”.
En conclusión, Conversaciones con Woody Allen es un texto entretenido y atrapante por el recorrido de la impactante carrera del cineasta que propone Lax, como por los atractivos fotogramas de cada film que ilustran la publicación y le dan un condimento más a su excelente factura.

martes, 11 de agosto de 2009

Una película más sobre la Segunda Guerra Mundial

Hay films que se convierten en grandes hitos del cine, otros que son un total desastre, y también los que resultan intrascendentes, que a pesar de ser correctos y hasta tener más virtudes que defectos son poco lo que dejan en el espectador. En este último grupo se sitúa Defiance (Desafío), la nueva película de Edward Zwick.
La obra está basada en un hecho real y narra la historia de los hermanos Bielski, quiénes lideraron un grupo de refugiados judíos en el bosque Naliboki en Bielorrusia para escaparle a la persecución nazi en la Segunda Guerra Mundial y terminar salvando a más de mil personas.
Lo más atractivo de Defiance se centra en el enfrentamiento ideológico entre dos de los cuatro hermanos Bielski y el nudo dramático que esto representa en torno a sus respectivas figuras. Tuvia (Daniel Craig) es el mayor y el que tiene carácter de líder, un hombre sereno que siempre tendrá por delante el bien de la comunidad que lo sigue; en tanto que Zus (Lieb Schreiber) resulta ser un joven más temperamental e impulsivo que irá en busca de sangre tras el asesinato de sus padres.
La película es mayormente tibia, pero de la cual hay que destacar elementos como la sutil composición musical de James Newton Howard, que es la que en gran parte (aunque parezca desapercibida) hace entrar de a ratos en el transcurrir de los hechos de la narración, que junto a la cuidada fotografía del portugués Eduardo Serra e imponentes imágenes que reconstruyen la época, provocan interés en la obra.
Pero el film de Zwick, que está basado en el libro Defiance: The Bielski Partisans de Nechama Tec, falla desde la estructura del guión, que está compuesto por una historia llena de hechos fuertes y diversos conflictos, que al no estar bien sustentados narrativamente hacen que por momentos todo se vuelve chato y monótono, con diálogos que aportan poco al desarrollo de la trama y hacen de los 137 minutos de Defiance un tanto excesivos.
En aspectos generales, hay que destacar que el nuevo film de Zwick (tras The Last Samurai y Blood Diamond) se centra en una historia no muy difundida de la Segunda Guerra Mundial, aunque poco ahonda en la profundidad de los hechos y se basa más en clichés típicos sobre películas del Holocausto como lo es entre otros la glorificación del líder (en este caso Tuvia) por parte de sus aliados y excesivos motivos de sentimentalismo y violencia productos del genocidio; que en conclusión harán de Defiance una obra intrascendente, pero correcta e interesante en determinados aspectos.

domingo, 2 de agosto de 2009

La madurez de un cineasta distinto

El cine de Kim Ki-duk es exquisito por donde se lo mire. El realizador surcoreano diseña en cada largometraje una poética que lo identifica, destacando como nadie lo complejo a través de lo simple y abarcando con una madurez y sencillez superlativa diversos tópicos mediante films provocadores, originales y sumamente bellos.
Soom (Aliento) narra como Yeon (gran actuación de Park Ji-a), una mujer que descubre que su marido tiene una amante, decide engañarlo con Jan Jing (Chang Chen), un preso condenado a muerte que le causaba intriga tras observar diariamente los noticieros televisivos.
La película destaca con una total delicadeza y a su vez con admirable profundidad temas como el amor, el odio, la culpa, la locura y la paranoia, típicos contenidos del cine de Ki-duk, quién acostumbra implicarlos por intermedio de personajes oscuros y atormentados que mantienen relaciones excéntricas, en dónde pareciera que se dice poco, pero se expresa mucho.
El surcoreano es un maestro del cine gestual, profundizando esta hermosa poesía de las pocas o nulas palabras en films como Bin-jip (Hierro 3), en dónde un indigente que se dedicaba a ocupar casas cuando sabía que estaban vacías, se enamora de la mujer dueña de casa; a él no se le escuchará ningún parlamento, mientras que la pareja no mantendrá ningún diálogo en el trascurso de las acciones. Algo similar sucedería después en Hwal (El arco), en este caso un viejo pescador que vive en el medio del mar con una joven que adoptó desde niña no pronunciará palabra en toda la obra.
En este aspecto se puede considerar un paralelismo que Ki-duk construye a través de su filmografía entre Soom, Bin-jip y Hwal, ya que en la primera Jan Jing no se vale de las palabras para expresarse, sino de sus gestos, como lo eran el indigente en la segunda y el pescador en la tercera.
A través de personajes lunáticos que aportan una gran tensión dramática y hacen de los simples hechos que transcurren en la narración una catarsis de diversos sentimientos y situaciones que desbordarán los límites de lo bizarro, Soom se irá desarrollando con una gran efectividad.
Otro punto fundamental de la película, es la dedicación que el director le da a las estaciones climáticas en torno a lo que les irá sucediendo a los protagonistas. Ya en Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom (Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera) Ki-duk manifestaba metafóricamente mediante cada etapa las situaciones que vivirá un aprendiz de un monje budista en un monasterio en medio de un lago. En Soom, la relación entre Yeon y Jan Jing florecerá en una ficticia primavera e irá abarcando los demás ciclos, siendo primordial lo que cada uno de estos implica simbólicamente entre los personajes.
Avalada por un magistral estilo de autor, Soom es otro gran film de Ki-duk que atrapa de principio a fin, haciendo sentir la intensidad de cada personaje a través de una narrativa tan vistosa, como interesante y provocadora que dejan al realizador de Corea del Sur como uno de los más brillantes del cine contemporáneo.

viernes, 31 de julio de 2009

Entre la acción y los sentimientos

John Dillinger fue un asaltante de bancos nacido en Estados Unidos que tuvo una gran difusión mediática en la época de la Gran Depresión en la década de 1930. La fama del gángster se dio, en gran parte, a lo rápido y efectivo que era a la hora de realizar sus crímenes, cómo la manera en la que burlaba a las fuerzas policiales.
El director Michael Mann con Public Enemies va a allá de los hechos delictivos de Dillinger y lo demás relacionado a éstos; se basa en la personalidad del criminal, en su manera de ser, en el sentir de éste, cuestión que logrará gracias a la muy buena actuación de Johnny Depp.
El film no es un clásico de gángsters típico de esas obras maestras de la historia de la mafia pudiendo citar a The Godfather de Francis Ford Coppola, Once Upon a Time in America de Sergio Leone o Goodfellas de Martin Scorsese; sino todo lo contrario, es mas de la talla de aquellos más comerciales pero atractivos y de acción como The Untouchables de Brian De Palma, ligado a la persecución entre el “bueno” y el “malo”, si es que se pueda clasificar a los personajes de tal manera.
Mann es un buen realizador a lo que films de acción se refiere, ya lo había demostrado con Heat y Collateral, y con Public Enemies saca a la luz los tópicos del género que mejor domina, y que a partir de esta persecución entre el policía (en este caso el duro Melvin Purvis que interpreta sobriamente Christian Bale) y el ladrón (Dillinger) logrará un nudo de interés, sólo desviándose de éste en cuestiones menores, que en caso de haber sido omitidas le hubieran dado aun más ritmo a una película que apenas se sobrepasa en su duración.
Pero como se cito anteriormente, el director también se dedicará a lo que es el interior del personaje de Depp, a quién lo dosifica de una gran inteligencia, coraje y seguridad, pero con el defecto de su sentimentalismo por sus amigos y por las mujeres, o mejor dicho por una de la que perdidamente se enamora: Billie Franchette, que es interpretada de gran manera por Marion Cotilliar, aquella que había ganado en 2008 el Oscar a la mejor actriz por La môme, en su interpretación de la cantante Edith Piaf en el film de Olivier Dahan.
Lo más destacado de la película no son sólo las grandes actuaciones de Depp y Cotillard, como la conducción por parte Mann, y las grandes secuencias de acción mayormente destacadas por el gran manejo de la cámara en mano; sino que también es para acentuar como se recreó toda una época, que sin la soberbia fotografía de Dante Spinotti no hubiera sido posible.
Public Enemies es una película bien lograda, quizás no será recordada como una gran obra, pero si como un buen film de acción que retrata de gran manera a un sentimental y controvertido personaje; es de aquellos que entretienen, pero que también dejan su rastro en materia cinematográfica, para cerrar satisfactoriamente otro proyecto más que correcto de Mann.

miércoles, 29 de julio de 2009

Un nuevo cosmos de melodías alucinantes

Tras haber experimentado con sonidos raros y exageradamente eléctricos en su anterior disco The Bedlam in Goliath en 2008, como también con largos temas de talla vanguardista, The Mars Volta vuelve al ruedo con Octahedron, un potente trabajo discográfico que se asemeja más a los inicios de la banda, aunque con renovados e interesantes toques acústicos.
Estaría de más destacar el virtuosismo de Omar Rodríguez-López con la guitarra como la euforia de Cedric Bixler-Zabala al momento de entonar las letras de cada tema del conjunto estadounidense, pero esto quedará completamente afianzado en su quinto álbum de estudio.
Octahedron esta compuesto de ocho temas inéditos, de casi cincuenta minutos de electrizantes melodías, las cuales se asemejan más a las de sus primeros discos De-Loused in the Comatorium de 2003 y Frances The Mute de 2005 y en parte haciendo recordar a At The Drive-In (la banda anterior de Bixler-Zabala y Rodríguez-López), destacando ante lo experimental, sonidos de rock progresivo y lo melódico de cada nueva canción.
Pero The Mars Volta siempre fue un grupo ligado a lo experimental y esta nueva placa, en parte, no es la excepción, ya que las variantes acústicas que se hacen presentes en Octahedron son una novedad dentro del universo del conjunto. Esto se presenta desde el comienzo, ya desde «Since We’ve Been Wrong», el tema de apertura, se pueden escuchar los delirantes arpegios de Rodríguez-López con su guitarra.
A lo largo del álbum se irán intercalando los sonidos eléctricos con los acústicos, y potentes temas como «Teflon» y «Cotopaxi» se enlazaran con bellas canciones acompañas por un onda “unplugged” (aunque de desenchufado no tendrán nada) como «With Twilight As My Guide» y «Copernicus».
Otra joya del LP es el tema de cierre «Luciforms», enérgico por donde se lo interprete a lo largo de sus ocho minutos y 22 segundos, desde la tonada de Bixler-Zabala, como de los geniales y excéntricos solos de guitarra eléctrica de Rodríguez-López y el gran acompañamiento del muy buen batero Thomas Pridgen.
En conclusión, The Mars Volta ha regresado a su mejor forma, experimentando entre lo nuevo y lo clásico dentro de la banda para crear con Octahedron una placa intensa, alucinante y llena de virtuosismo de la mano de sus músicos, concretando un trabajo interesante, variado y de una calidad digna de ser escuchada.

viernes, 24 de julio de 2009

Una fábula mágica y encantadora

El japonés Hayao Miyazaki es el gran maestro del cine contemporáneo de animación. Su excelencia para la creación de universos que rozan lo real con lo fantástico a través de magistrales y verosímiles historias, como la calidad técnica de sus films, hacen de él un cineasta estupendo, que con Gake no ue no Ponyo (Ponyo y el secreto de la sirenita) vuelve a deleitar con su nueva y exquisita pieza.
Films como Mononoke-hime (La princesa Mononoke), Sent to Chihiro no kamikakushi (El viaje de Chihiro), o Hauru no ugoku shiro (El increíble castillo vagabundo) dejan bien en claro de lo que Miyazaki es capaz. Historias filosóficas y llenas de magia, con personajes complejos y fábulas asombrosas para cualquier rango de espectadores.
Con Gake no ue no Ponyo, el japonés crea una fábula de carácter más infantil a sus predecesoras, en dónde un niño (Sosuke) encuentra a una pecesita roja con rostro que quiere convertirse en niña para estar al lado de su nuevo amigo, aunque deberán lidiar con Fujimoto, el protector padre de ésta que quiere que retorne al océano.
En el nuevo film de Miyazaki todo es posible y lo real y lo fantástico interactúan con una total delicadeza, desde personajes del mundo real como lo son Sosuke y su madre Lisa, como con la aparición de Ponyo, su padre (un humano que decidió vivir en las profundidades del océano), su madre y todopoderosa sirena, cómo unas geniales olas que tornan vida para ayudar en los propósitos de Fujimoto.
Miyazaki vuelve a crear personajes interesantes y vistosos, dónde fusiona la parte humana con la animal o fantástica, como lo había hecho antes con Haku, un niño que se transformaba en dragón en Sent to Chihiro no kamikakushi, o San, la princesa lobo de Mononoke-hime; en este caso Ponyo es una pecesita con súper poderes que querrá convertirse en una niña verdadera.
A primera vista, el film parece simple, pero tanto sus interesantes personajes de una gran complejidad dramática, como la bellaza de cada uno de los detallistas dibujos (que están hechos a mano dejando de lado las nuevas tecnologías digitales) hacen que Gake no ue no Ponyo sea más que interesante y no solo imprescindible para los más pequeños.
Otro aspecto de gran riqueza en la película es su banda sonora, la cual Joe Hisaishi compone con maestría combinando lo clásico con lo moderno y lo virtuoso con lo encantador.
Miyazaki concreta otra gran obra para su imprescindible filmografía, y a pesar de que Gake no ue no Ponyo no posea la genialidad de sus films anteriores, es una película encantadora, repleta de magia y principalmente de una exquisitez inagotable en la expresión producida en cada trazo a la hora de la animación del film y del más real mundo de la fantasía, el que nos sigue proporcionando el maestro japonés.

viernes, 3 de julio de 2009

El loco mundo de la revolución

La obra aun no empieza, pero los locos ya andan sueltos por el macabro escenario mientras esperan que suene la campana. Serán testigos del enfrentamiento que esta por comenzar, pero en este caso lejos de un ring de boxeo, y más cerca de una imaginaria batalla psicológica o un diabólico ensayo entre la razón y el escepticismo, la ideología revolucionaria y el nihilismo, entre Juan Paul Marat y el Marqués de Sade.
Marat-Sade, dirigida por Villanueva Cosse, es una adaptación del clásico de Peter Weiss de 1964, siendo una pieza característica del teatro dentro del teatro.
La escenificación se ubica en 1808 en el manicomio de Charenton posterior a la Revolución Francesa, en dónde Sade (que allí había pasado sus últimos años) presenta una obra escrita y montada por él, la que protagonizarían los locos del asilo. La representación que propone el marqués tiene lugar en 1793 y consiste en los hechos que derivarían en el asesinato de Marat por Charlotte Corday.
Cosse manifiesta en tono exquisito esa conocida “imagen” de la muerte de Marat en la bañera apuñalado por Corday, que habían representado tan brillantemente en la pintura Jacques-Louis David con La muerte de Marat en 1793 y Paul Jacques Aimé Baudry con Charlotte Corday en 1860.
La obra de Cosse es atrapante y no deja respiro a pesar de los 125 minutos aproximados que dura la presentación. Mantiene atento al espectador con un asfixiante desarrollo que mezcla el drama, el suspenso, y el musical con destellos de humor negro. La realización también recurre a clásicos de la ideología teatral como las de Bertolt Brecht, a través del marco intelectual que se le presenta al público, como también lo frío y pesimista del argumento; y la de Antonin Artaud, con un sentido de rigor violento y la condensación extrema de elementos escénicos que deben entenderse a través de la crueldad en la cual están basados.

Marat-Sade logra una importante efectividad en el espectador debido a las muy buenas actuaciones de Lorenzo Quinteros (en el rol de Sade), Santiago Ríos (gran representación bufonesca de Jacques Roux) y de los cantantes Luis Herrera, Julián Pucheta y Sol Fernández López.
Otro punto para destacar de la obra es la correcta escenografía de Tito Erguza como el excelente vestuario de Daniela Taiana. Ambas características recrean la época a partir de una gran verisimilitud.
Con Marat-Sade, Cosse logra una interesante obra y un efectivo coctel de ideologías, locuras y delirantes exageraciones a través de personajes oscuros y un marco tétrico que dejara exhaustos y conformes a los espectadores que se acerquen a la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín.