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miércoles, 29 de julio de 2009

Un nuevo cosmos de melodías alucinantes

Tras haber experimentado con sonidos raros y exageradamente eléctricos en su anterior disco The Bedlam in Goliath en 2008, como también con largos temas de talla vanguardista, The Mars Volta vuelve al ruedo con Octahedron, un potente trabajo discográfico que se asemeja más a los inicios de la banda, aunque con renovados e interesantes toques acústicos.
Estaría de más destacar el virtuosismo de Omar Rodríguez-López con la guitarra como la euforia de Cedric Bixler-Zabala al momento de entonar las letras de cada tema del conjunto estadounidense, pero esto quedará completamente afianzado en su quinto álbum de estudio.
Octahedron esta compuesto de ocho temas inéditos, de casi cincuenta minutos de electrizantes melodías, las cuales se asemejan más a las de sus primeros discos De-Loused in the Comatorium de 2003 y Frances The Mute de 2005 y en parte haciendo recordar a At The Drive-In (la banda anterior de Bixler-Zabala y Rodríguez-López), destacando ante lo experimental, sonidos de rock progresivo y lo melódico de cada nueva canción.
Pero The Mars Volta siempre fue un grupo ligado a lo experimental y esta nueva placa, en parte, no es la excepción, ya que las variantes acústicas que se hacen presentes en Octahedron son una novedad dentro del universo del conjunto. Esto se presenta desde el comienzo, ya desde «Since We’ve Been Wrong», el tema de apertura, se pueden escuchar los delirantes arpegios de Rodríguez-López con su guitarra.
A lo largo del álbum se irán intercalando los sonidos eléctricos con los acústicos, y potentes temas como «Teflon» y «Cotopaxi» se enlazaran con bellas canciones acompañas por un onda “unplugged” (aunque de desenchufado no tendrán nada) como «With Twilight As My Guide» y «Copernicus».
Otra joya del LP es el tema de cierre «Luciforms», enérgico por donde se lo interprete a lo largo de sus ocho minutos y 22 segundos, desde la tonada de Bixler-Zabala, como de los geniales y excéntricos solos de guitarra eléctrica de Rodríguez-López y el gran acompañamiento del muy buen batero Thomas Pridgen.
En conclusión, The Mars Volta ha regresado a su mejor forma, experimentando entre lo nuevo y lo clásico dentro de la banda para crear con Octahedron una placa intensa, alucinante y llena de virtuosismo de la mano de sus músicos, concretando un trabajo interesante, variado y de una calidad digna de ser escuchada.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Lisérgicos y alucinantes

Este sitio estaba medio abandonado, pero los avatares de la vida me dan una importante excusa para mencionar mi asistencia al Personal Fest 2008 el 1° de noviembre, en dónde se presentó una de las bandas que más tenía ganas de presenciar en vivo en los últimos años, y la verdad que me fui más que satisfecho; por cierto, estoy haciendo referencia a The Mars Volta. Aquel fue un día más que caluroso en el Club Ciudad de Buenos Aires, que demostró ser un gran predio para hacer recitales. Cerca de las 19.30, en el segundo escenario en importancia salía a la escena la banda mexicana-estadounidense. A los pocos minutos, entre avalanchas y empujones, ya me encontraba a unos metros de la banda, eso sí, entre el grueso de la multitud se podría decir estimativamente que harían unos 200 grados, pero que importaba si The Mars Volta comenzaba a tocar.
No fue un show convencional, por cuestiones de organización solo tenían una hora para tocar ¿y qué fueron de esos sesenta minutos? Algo increíble. Tuve la sensación de estar frente a una banda que estaba haciendo “música” en vivo. Ahora no recuerdo la cantidad de temas que tocaron (creo que fueron cinco), pero todos ellos podrían haber sido uno solo, un conjunto de melodías limadas e hipnóticas que progresaban con un continuidad sonara estupenda.
Era pura energía, no paraban de tocar… solo quedaba ponerse a contemplar el virtuosismo y la genialidad del guitarrista Omar Rodríguez, los delirios del cantante Cedric Bixler-Zavala y, para mí, lo sorpresivo del baterista Thomas Pridgen, un tipo de una potencia estrafalaria, parecía de otra galaxia un ser que toque de esa manera.
El show me dejó deslumbrado, con una sensación post-recital que no tenía hace bastante, The Mars Volta no defraudó en lo más mínimo y a partir de ese momento fue tiempo de descansar, reponer energías y ver de reojo a bandas como Bloc Party, la cual estuvo más que aceptable, y Kaiser Chiefs, que paso sin penas ni gloria.
Apenas pasadas las 22, se presentaban los que eran la atracción mayor del festival: R.E.M. Pienso que después de haber visto a The Mars Volta ya estaba hecho, por lo cual bastante tranquilo (onda habano y whisky en un bar) me quedé lo más cercanamente posible del escenario principal para observar a la banda liderada por Michael Stipe.
Debo decir que el concierto de la banda estadounidense fue muy bueno. Stipe demostró ser un tipo más que carismático sobre el escenario (hasta improviso un genial pase de baile), mientras que el bajista y pianista Mike Mills y el guitarrista Peter Buck no dejaron de mostrar todas sus virtudes sobre la escena.
A lo largo del show tocaron grandes temas como Losing My Religion, Everybody Hurts, Man On The Moon y especialmente el que yo quería que toquen: Imitation of Life.
Fue una larga tarde noche. Muy amena, por cierto, y a pesar del calor, la jornada fue totalmente satisfactoria, por presenciar en vivo a una de aquellas bandas de toda la vida como lo es la de Stipe, y más que nada por las sensaciones que The Mars Volta provocó sobre el escenario.