lunes, 21 de diciembre de 2009

Fuerza natural en el Ciudad de la furia


El recital que brindó Gustavo Cerati el domingo 20 de diciembre le dio un cierre más que digno a lo que fueron las presentaciones en el Club Ciudad de Buenos Aires, ya que es de conocimiento público que este escenario no recibirá más shows musicales debido a las constantes quejas de los vecinos de la zona.
El ciudad ya se había convertido en un escenario clásico, dónde rondaron importantes bandas como Radiohead, The Mars Volta y R.E.M., entre otros; y en este caso el ex Soda Stereo presentó su última placa, Fuerza natural, refiriéndose al caso: “¿Cómo está el volumen? Saludos a los vecinos; o sino pongan más lugares para tocar”.
Como era de prever, el show arrancó a todo volumen, en un primer set dónde Cerati presentó los temas de su nuevo disco, pasando primero por lo rock pop eléctrico como «Fuerza natural», «Magia», «Déjà vu», «Desastre» y «Rapto», en un comienzo que se lo vio de negro y con antifaz con su energía característica sobre el escenario.
Después fue el turno del segmento electroacústico de su nuevo álbum, dónde expuso «Amor sin rodeos», «Tracción a sangre» y la impecable «Cactus», el tema mejor logrado de Fuerza natural.
Para cerrar la primera parte del recital, Cerati tocó las canciones restantes del disco (aunque «#» quedó para el final del show), o sea «Naturaleza muerta», «Dominó», «Sal», «Convoy» y una extensa e alucinante versión de la psicodélica «He visto a Lucy», para la cual se sumó Gillespie.
Luego de un receso vendría el momento más importante de la calurosa noche en el Club Ciudad, cuando Cerati homenajeó a la fallecida Mercedes Sosa tocando una impecable versión de «Zona de promesas» de Soda Stereo, tema que cantaron a dúo en Cantora, último álbum de ella.
Para la segunda parte del espectáculo, Gustavo (ya de blanco) se propuso a recorrer varios temas de discos anteriores de su carrera solista, arrancando con grandes composiciones de su primera placa Amor amarillo, como «Pulsar» y «Te llevo para que me lleves», aunque en esta última, el acompañamiento en voz de Anita Álvarez Toledo dejó mucho que desear.
Luego Cerati y su banda (muy bueno lo de Richard Coleman en guitarra y Fernando Samalea en batería) recorrieron hits como «Crimen», «Paseo Inmoral», «Cosas imposibles» y «La excepción», la cual se intercaló con el riff de «Rebel Rebel», excelente tema de David Bowie allá por los 70.
Para el final, quedarían «Puente», «Lago en el cielo», «Vivo» y «Jugo de Luna», para clausurar el Club Ciudad con el ya nombrado «#». El show fue de una fuerza natural impecable, y a todo volumen, Cerati le dio un cierre más que digno a un escenario característico de los últimos años como el Club Ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Una de vampiros diferente a las demás

En una época donde los vampiros se encuentran devaluados, o mejor dicho ultra popularizados con la masiva Twilight, novela de Stephenie Meyer que luego fuese llevada al cine al estilo Harry Potter; aparece una variante más que interesante: Låt den rätte komma in (Criatura de la noche) del sueco Tomas Alfredson.
¿Por qué la diferenciación? El de Alfredson es todo lo contrario a aquellos films pochocleros que, en cierto punto, son construidos para atraer a masas de adolescentes y fanáticos que concurren disfrazados a las salas; es todo lo contrario, se asemeja más a una película con su propio y bien definido estilo que seguramente con el transcurso de los años podrá ser valorada como de culto dentro del género.
Låt den rätte komma in narra la historia de Eli (Lina Leandersson), una niña vampiro con complicaciones para conseguir sangre fácil, que se enamorara de Oskar (Kåre Hedebrant), un chico solitario con problemas familiares y en la escuela, que quedará asombrado con la personalidad de su nueva amiga. A partir de la unión entre ambos, se defenderán mutuamente y conformarán una historia de amor tan inocente como real.
El film de Alfredson es muy rico desde el punto de vista estético, ya que desde un principio se desliga de toda estructura renacentista de los tiempos de Drácula, la clásica novela de Bram Stoker, como ha sucedido en la mayoría de los films sobre el vampirismo. Låt den rätte komma in mantiene una estética delicada y encantadora, como la mismísima Estocolmo dónde se sitúan los hechos de la historia.
La fotografía de Hoyte Van Hoytema provoca que en la fría ciudad sueca se produzcan situaciones calidas. Cada plano es maravilloso, y por lo pintoresco se lo podría situar como dentro de una continuación por lo propuesto por el maestro del cine nórdico, Ingmar Bergman, y especialmente su film Fanny och Alexander, que justamente también narraba la relación entre unos niños.
Pero lo que hace que Låt den rätte komma in sea un gran hallazgo dentro del cine actual es el impecable guión de John Ajvide Lindqvist, quién adapto su propia novela para crear una historia desgarradora, narrando acciones maravillosas como un ataque de Eli a unos agresores de Oskar en una pileta de natación, que quedará en el recuerdo como una de las escenas más grandiosas de los últimos tiempos, a lo que se refiere a equilibrio entre el desenlace de la acción dramática y la brillantez visual.
Låt den rätte komma in es un film de vampiros distinto, tan encantador como aterrador, que mediante personajes muy bien definidos (interpretados de gran manera por sus protagonista) logran un clima más que interesante en una película que no abusa de la sangre, aunque si la utiliza al por mayor para crear un entorno verosímil y lleno de significación.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Un show histórico que será eterno

El pasado viernes 4 de diciembre no fue un día convencional. En el estadio de Vélez Sarsfield se produjo un acontecimiento atípico, un show de aquellos que quedarán en el recuerdo por siempre. El espectáculo de Luis Alberto Spinetta mantuvo una lucidez descomunal a lo largo de casi cinco horas y media de pura emoción que enmarcaron un hecho histórico.
Ni siquiera en el plano de las estructuras, el mega recital de Spinetta fue convencional. Cerca de las 22, el Flaco salió al escenario de un estadio colmado con casi 40 mil espectadores, y en principio habló con su público y nombró a los músicos que le hubiera gustado que se hagan presentes en la noche de Liniers, como Pedro Aznar, León Gieco y Frank Ojtersek; en tanto que mencionó a los que le hubiera gustado versionar y no encontró lugar en el show, como Moris, Andrés Calamaro, Carlos “Indio” Solari y Hugo Fattoruso.
En principio, se puede decir que fue un acontecimiento histórico por dónde se lo mire, y quizás el concierto más importante de la historia del rock en nuestro país, porque como se ira resumiendo en este escrito, en el escenario de Vélez estuvieron todas las glorias nacionales del género, ya sea en presencia o siendo versionados en su mayoría por el eterno Spinetta.
Todo comenzó con la hermosa entonación de «Mi elemento» para dar comienzo a la emocionante velada musical, en dónde Spinetta repasaría su extenso y maravilloso repertorio, siendo cortejado, no sólo por la gran mayoría de los músicos que lo acompañaron a lo largo de estos 40 años de carrera, sino también por una larga lista de “genios” (como el mismo los destacaba) que admira y deseaba que participen de la noche.
El show denominado “Spinetta y sus bandas eternas” se dividió en dos segmentos, en el primero, el Flaco con la participación de distintos músicos invitados como Javier Malosetti, Diego Rapoport y Leo Sujatovich, comenzó a repasar grandes temas de Spinetta Jade, como «Alma de diamante» y «¿No ves que ya no somos chiquitos?», y de su carrera solista, como «Ella también» y «Cementerio club».
El show era muy emotivo y lo fue más a medida que grandes figuras fueron saltando al escenario para acompañar a Spinetta. La aparición de Fito Páez, quién grabara con el Flaco La, la, la en 1986, fue más que importante para el espectáculo, y verlos entonar con total exuberancia temas como «Las cosas tienen movimiento» y «Asilo en tu corazón» fue desgarrador, para terminar cerrando el set con un gran dicho de Páez: “Luis Alberto… siempre estarás en mi”.
Luego sería el turno de otro peso pesado de la historia del rock argentino, Gustavo Cerati, con el que cantaron a dúo «Té para tres» de Soda Stereo y «Bajan » del monumental disco Artaud que Spinetta grabó en 1973. Ambos temas sonaron impecables y la emoción de Cerati se pudo observar al retirarse con la arenga “Si hay un sueño cumplido, es éste”.
Hasta ese momento, el show era un gran manifiesto emocional lleno de sorpresas, a las cuales se sumaron los dignos homenajes que Spinetta le hizo a leyendas del rock nacional, versionando maravillosas canciones como «Mariposas de madera» de Miguel Abuelo, «El rey lloró» de Litto Nebbia y «A dónde está la libertad» de Pappo (con el acompañamiento de Juanse en voz), para cerrar con «Necesito un amor» de Javier Martínez y la presentación sobre el escenario de sus hijos Dante y Valentino, tocando la guitarra y rapeando, respectivamente.
Uno de los momentos más esperados de la noche, era el de la presencia de la otra gran leyenda viviente del rock argentino: Charly García, para el cual Spinetta le rindió un merecido homenaje versionando su tema «Filosofía barata y zapatos de goma».
Luego, saldría a la escena el propio García para vocalizar junto a Spinetta el ya clásico de ambos «Rezo por vos», que al igual que en el recital del primero en octubre pasado, sonó en gran forma y nos permitió una vez más poder vislumbrar en pareja a los dos más grandes del rock argentino.
Después de un merecido intervalo, comenzaría el segundo segmento y las emociones que se empezarían a producir serían inagotables. Como puntapié inicial se presentarían Los socios del desierto con Marcelo Torres y Malosetti (en lugar del fallecido Daniel Wirtz) para deslumbrar junto al Flaco con temas como «Nasty people» y «Bosnia».
Pero aquello no sería nada a comparación del momento que se pudo vivir después cuando aparecieron en el escenario de Vélez, Carlos Alberto “Machi” Rufino y Hector “Pomo” Lorenzo, quienes junto a Spinetta formaban Invisible, la fenomenal banda de los 70.
El trío hizo vibrar al público que se hizo presente en la noche en Liniers con clásicos como «Durazno sangrando» y «Jugo de lúcuma», en tanto que maravillaron con el hermoso tema «Niño condenado», para el cual escuchar la voz del Flaco fue una experiencia mágica. Para el final, versionaron a Tanguito y su eterno tema
«Amor de primavera», dejando en el recuerdo a uno de los pocos grandes que faltaban en el show.
Después llegaría el momento de mayor explosión de la noche, con la presentación de Pescado Rabioso y la de los integrantes originarios de la banda: Black Amaya, Osvaldo “Bocón” Frascino, Carlos Cutaia, David Lebón y obviamente el propio Spinetta.
Lo expuesto por Pescado fue magnífico y clásicos como «Poseído del alba», «Despiértate nena» y «Me gusta ese tajo» hicieron enloquecer a todo el estadio, cargándole una cuota más de adrenalina y brillantez musical a un show que era anecdótico.
A lo que a presentación de las bandas eternas se refiere, lo que el público tuvo oportunidad de ver para lo último fue un lujo, porque junto a Spinetta se presentaron Edelmiro Molinari, Emilio Del Güercio y Rodolfo García, los integrantes iniciales de Almendra.
Fue emocionante ver a los cuatro juntos luego de tantos años, y más aun escucharlos (con la excelencia que los caracterizaba en los 60 y la propia madurez actual) hacer temas inolvidables como «Color humano» y «Fermín», en tanto que por último, el Flaco desenfundo la guitarra acústica y el grupo unido en un círculo entonaron quizás el tema más recordado de aquellos tiempos: «Muchacha», en lo que fue una presentación deslumbrante.
Ya acercándose al final, Spinetta tocó «8 de octubre», tema homenaje a las víctimas de la tragedia en Santa Fe, tema para el cual se le sumó Mollo en guitarra. Luego quedaría el cierre con grandes hits de su carrera solista como «Seguir viviendo sin tu amor», «Yo quiero ver un tren» y «No te alejes tanto de mí».
En conclusión, se puede decir que el recital que brindó Spinetta junto a sus bandas eternas y distintos invitados fue un hecho histórico. Un acontecimiento de una magnitud digna de un genio, que quedará en el recuerdo por siempre, para el cual esta humilde nota es poco, ya que un show que será eterno como este, sería digno de la extensión de un libro.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El rock fue más fuerte que la lluvia

La lluvia era desgarradora, parecía que el fin del mundo se acercaba. Es que estaba faltando algo, o más dicho alguien. Más de un año y medio ausente. Hace un mes en Lima, luego en Santiago se rumoreaba la reaparición de aquella leyenda, la cual retumbó siempre entre la jerga porteña, pero se extrañaba en presencia, hasta que un día en su cumpleaños 58 el ídolo reapareció y ni la tempestad pudo con él en cuanto comenzó a entonar cada melodía: a Charly García se lo pudo escuchar como hace mucho no se lo hacía.
La expectativa era enorme, por eso ni la tormenta ni ese panorama apocalíptico remitieron a que la gente no se acercara aquel 23 de octubre al estadio de Vélez Sarsfield a presenciar, luego de su internación, el regreso a los escenarios de una eminencia como García. Si la lluvia era problema para muchos, todo quedo de lado cuando el maestro entonó «El amor espera» y comenzó un show electrizante, de aquellos que no dejan respiro.
En parte se puede decir que a primera impresión se extrañaba ver a un Charly descontrolado e hiperactivo sobre el escenario, aunque aquello es simplemente un estilo de moral producto de la ideología rock, porque lo que realmente se añoraba era esa “voz”, esa tonada única, la cual desparramaba melodías mágicas y se escuchaba un tanto desgastada los últimos años. Escucharlo a García esa noche fue una reminiscencia a la década de 1980.
Así a lo largo de casi dos horas emocionantes, García recorrió grandes hits de su extenso repertorio e inmortales obras, desde Yendo de la cama hacia el living hasta Rock and Roll y yo fue intercalando recordados temas de toda su discografía.
El momento más emocionante de la velada fue cuando Charly presentó a la otra leyenda viviente del rock argentino: Luis Alberto Spinetta. “Les presento a mi ídolo y maestro” les decía García a las más de 30 mil personas que se hicieron presentes. Y el Flaco se presentó en la fiesta, un invitado de lujo al cumpleaños, y como no era para menos tocó con su guitarra y entonó con el homenajeado «Rezo por vos», tema que habían compuesto en conjunto en los 80. Realmente fue un lujo y un hecho histórico presenciar a las dos figuras más grandes de lo que se refiere a rock en la Argentina.
Pero sin duda no se puede dejar de manifestar lo conmovedor que fue escuchar la voz de Charly, la cual lució brillante. Sus agudos se lucieron como hace tiempo no lo hacían. Temas como «No soy un extraño», «Influencia» o «Chipi-chipi», que de por si derivan mucho esfuerzo por su complejidad melódica sonaron maravillosamente.
La noche fue explosiva. Charly y su banda tocaban un gran tema tras otro, desde «Demoliendo hoteles», «Raros peinados nuevos», «No voy en tren» hasta una gran versión de «No toquen», una de las canciones emblemas de su álbum Cómo conseguir chicas, la cual sonó impactante.
En conclusión, el show no dejó respiros. La gente saltaba y bailaba bajo la interminable tormenta. Charly agradecido en un momento exclamaba: “Hoy el rock es más fuerte que la lluvia” y que razón tenía. Sólo importaba disfrutar de un momento único. Un reencuentro con la magia que provoca la música interpretada a través de un genio. Fue una noche de puro éxtasis, y como diría el gran García: Say no more.

lunes, 5 de octubre de 2009

La importancia de las alternativas que propone el cine

El español Pedro Almodóvar es uno de los pocos directores del cine contemporáneo al que se lo puede catalogar de ser digno de tener un estilo propio de autor: desde sus inicios entre lo kitsch y lo grotesco, lo argumentalmente complejo de sus relatos, y la creación de profundos y a la vez exagerados personajes que a lo largo de su filmografía se sumergieron en temáticas que oscilan entre lo bizarro, erótico, contradictorio y las diversidades sexuales.
En su nuevo film, Los abrazos rotos, Almodóvar opta por una narración en la que irá intercalando historias, tramas y personajes. Por un lado, en la actualidad se encuentra Harry Caine (impecable Lluís Homar), un cineasta que se ha quedado ciego, acto que esconderá una enredada y trágica historia llena de misterios ocurrida catorce años atrás, en la que tendrán mucho que ver su productora Judit, Ernesto (un acaudalado empresario), Lena (su amante y mujer de este último), y el hijo homosexual de Ernesto.
Como en Todo sobre mi madre, habrá una situación que se irá complejizado en el presente en base a reveladores recuerdos del pasado que irán dando a luz un film en el que cada pieza concuerda y se complementa en el lugar que le corresponde, sin necesidad de emplear recursos narrativos pretenciosos que puedan distraer y complicar innecesariamente al espectador.
Pero el conflicto se desarrollará cuando Harry le cuenta a Diego, el hijo de Judit, aquella historia trágica de amoríos, celos, venganza, culpas e infidelidad que lo llevó a la ceguera y a cambiar su nombre (Mateo Blanco) por el que es su actual seudónimo.
En gran parte, Los abrazos rotos también es un gran homenaje de Almodóvar a su destacada filmografía y al cine en general. Utiliza nuevamente el recurso del cine dentro del cine, no de manera tan poética y surrealista como en aquel corto mudo en blanco y negro que surgía en Hable con ella, sino que en este caso opta por un modo más explícito como en La ley del deseo, mostrando en un fragmento célebre de la película parte del film “Chicas y maletas” que en el pasado había filmado Harry. En este caso se pueden observar auto citas estéticas y narrativas con las que juega el español con un clásico suyo, Mujeres al borde de un ataque de nervios.
También Almodóvar se guardó un lugar en el film para homenajear a varias de sus actrices a lo largo de su filmografía, dándoles pequeños papeles a varias intérpretes de sus películas como a Chus Lampreave (¿Qué he hecho yo para merecer esto!!), Rossy de Palma (Kika), y Mariola Fuentes (Carne trémula), entre otras.
En Los abrazos rotos, el concepto “cine” es algo fundamental, y será más que destacado a partir de Harry, su protagonista, que a pesar de haber quedado ciego seguirá ligado al universo cinematográfico, como le sucedería al personaje interpretado por Woody Allen en su propio film Hollywood Ending. Pero también se pueden observar citas a temáticas voyeuristas, homenajeando a clásicos como Blowup de Michelangelo Antonioni, temas que tampoco fueron ajenos en películas anteriores de Almodóvar, ya en Kika se podía observar cierto acercamiento a Rear Window de Alfred Hitchcock.
Tampoco la película se alejará, en parte, de una estética del film noir o pre novelle vague, bien al estilo Ascenseur pour l'échafaud de Louis Malle, al cual Almodóvar cita al pie de la letra mostrando una imagen de tal realización. En un momento, Harry le dirá a Diego que quería escuchar la voz de Jeanne Moreau, pudiendo ser que esta le haga recordar a su amada Lena, personaje que logra una de las mejores interpretaciones de Penélope Cruz en su carrera.
Los abrazos rotos es más que un drama pasional, es un ejemplo de cómo a partir de una narración de tinte complejo y distintos ejes temporales donde predominan los flashbacks, se puede lograr una obra interesante y bien lograda sin que ninguna de las subtramas carezca de verosimilitud, algo que en el cine actual hace que por lo pretencioso de sus realizadores, cada parte pierda un poco de ese encaje de conexión con la otra, para ser más preciso un caso sería el de Babel de Alejandro González Iñárritu.
El único punto flojo del film es que por momentos se vuelve predecible en determinados temas y lo que venía siendo una historia atrapante y con un importante grado de tensión se torna un tanto convencional, aunque sin opacar sus méritos.
En conclusión, Los abrazos rotos es otro buen film que reafirma nuevamente esta interesante faceta de Almodóvar en la que se podría interpretar que muchos de sus personajes van de a poco completando su álter ego, como en este caso lo es Harry, también lo fue el personaje de Fele Martínez en La mala educación o más atrás en el tiempo el de Eusebio Poncela en La ley del deseo; y a partir de esto poder lograr una historia compleja pero a su vez accesible, siempre dejando el mensaje que caracteriza a un gran cinéfilo como es el español: que lo importante es el cine y saber manejar sus distintos recursos para hacer películas.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Hacer pensar y entretener

Los que esperen un simple film de ciencia ficción se llevarán una grata sorpresa con District 9 del sudafricano Neil Blomkamp, siendo que la película es más un film político que uno de extraterrestres, tratando duros temas como la segregación y la discriminación a los inmigrantes; eso si, en una obra dónde el entretenimiento no está dejado de lado.
El film narra a modo de falso documental la llegada de hace unos supuestos veinte años de los alienígenas a La Tierra, los cuales fueron alojados en una especie de ghetto: el Sector 9. Lo interesante de la obra (que ésta marcará desde un principio) es que los extraterrestres llegan a Johannesburgo y no a una ciudad “top” estadounidense como Nueva York.
A partir de este gran indicio se puede ver el carácter anticapitalista de District 9, diferenciándose del universo ostentoso de films hollywoodenses repletos de efectos especiales, actores estelares e insignias ultranacionalistas como Independence Day de Roland Emmerich; en este caso, la obra de Blomkamp se ocupa menos de distraer con los FX y más por el desarrollo de la temática, la cual podemos situar afín a lo acontecido en el Apartheid allá por la segunda mitad del siglo XX en Sudáfrica.
Johannesburgo sería una ciudad clave en lo sucedido en aquel movimiento de segregación de la población de raza negra, en District 9 ésta es “suplantada” por los alienígenas, los cuales serán, en parte, excluidos de la sociedad en un territorio marginal, aunque la denuncia inicial no llegará solo a ese punto figural de hacer una distinción étnica (o interplanetaria), sino que en el mismo sector se encontraran grupos de nigerianos, los cuales tomarán un papel mafioso y serán los que se encargarán de comerciar con los extraterrestres, o sea representarán el papel de los humanos (inmigrantes y negros) marginales de la sociedad, tratando Blomkamp de incidir en que el presente sigue siendo el mismo, y no sólo en la ficción.
Ahí se encuentra uno de los puntos centrales del film: la discriminación hacia los distintos; y no será casualidad que los organismos del poder que manejan y querrán desalojar el Sector 9 sean en su mayoría de raza blanca, como los que dominaban en la época del Apartheid. Aquí se los intenta desalojar a los extraterrestres, como en su momento se le quitaría los derechos políticos, económicos y sociales al pueblo sudafricano de raza negra.
Los que se encargarán de desalojar a los alienígenas serán la fuerzas de la empresa multinacional dedicada al armamento militar MNU, quiénes durante los veinte años que los extraterrestres se encuentran varados en Johannesburgo debido a imperfectos en su nave madre se dedican a experimentar con ellos para descifrar los secretos de su tecnología y aprender acerca de su armamento superior.
La misión de desalojo estará a cargo de un apático padre de familia y yerno de uno de los directivos de MNU, Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), quién en una de sus visitas al acampado, contraerá un virus alienígena que lo irá transformando de a poco en uno de ellos, bien al estilo The Fly de David Cronenberg. A todo esto, Wikus se convertirá en el antihéroe y se dará a la fuga, siendo buscado para ser producto de diversos experimentos.
Es destacable que Blomkamp no exagere con los efectos especiales, y se nota claramente que esa no es su intención, sino que siendo cauto en la materia, nos muestra un film de carácter más verosímil dentro de una realidad fantástica a través de la narración documental, utilizando en varios tramos la cámara en mano. También se destaca una fotografía agria (compuesta por Trent Opaloch), distinta a los clásicos films de extraterrestres (solo se podría decir que encuentra particularidades con Starship Troopers de Paul Verhoeven), y similar a la estética de películas sobre guerras y asuntos militares de finales del siglo XX y principios del XXI, más que nada a The Black Hawk Down de Ridley Scott.
Pero Blomkamp construye con District 9 una obra muy inteligente en todo sentido (en eso debe estar el hecho de que Peter Jackson sea el productor y se haya interesado por el trabajo del sudafricano), desde un profundo guión (que escribió junto a Terri Tatchell), hasta la caracterización de los alienígenas a partir de paralelismos con el universo de la ciencia ficción, lejos de los amigables de Close Encounters of the Third Kind de Steven Spielberg y sí físicamente a lo Predator de John Mc Tiernan. El sudafricano destaca a los extraterrestres con similar carácter al de los humanos y de fácil adaptación a la vida de éstos, como le sucedía a Gordon Schumway en la serie televisiva ALF, eso sí, en vez de ansiar alimentarse con gatos, éstos se enloquecen con la comida en lata para felinos.
Respecto al armamento de los alienígenas que tanto ansía controlar la MNU, se puede decir que son armas grotescamente destructivas como las vistas en Mars Attack! de Tim Burton, y en cierto modo también se pueden observar armaduras robotizadas al estilo del ED-209 en RoboCop de Verhoeven o a los robots de la serie animada Transformers.
District 9 es un film diferente, entre el documental, la ciencia ficción y marcadas insinuaciones políticas hacen que la película de Blomkamp sea un producto de gran factura dentro del cine actual, tanto por su carácter pensante como por sus altas cuotas de entretenimiento.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Un bastardo con gloria

Quentin Tarantino es el cineasta más ingenioso y provocador del cine contemporáneo. Hace casi dos décadas, que con films tanto entretenidos como intelectuales, se fue convirtiendo en un realizador con un estilo propio de un gran conocedor de la materia cinematográfica, destacando en sus películas una estética vistosa y el empleo de diversos recursos, como temáticas de extrema violencia, pero a su vez con un gran sentido del humor. El estadounidense es el gran maestro de la cita, de los conocimientos acerca de cómo hacer cine, de crear mundos llenos de personajes de una gran personalidad a través de guiones sofisticados repletos de elocuentes diálogos y efectivas estructuras narrativas.
En Inglourious Basterds, Tarantino vuelve a deleitar con su virtuosismo, tanto con el visual como el de contar historias, las cuales se irán intercalando para enriquecer a la obra, ya que con este nuevo film (como lo fue en la saga Kill Bill) vuelve a la subdivisión en capítulos, y en este casi serán cinco presentaciones que se complementaran para darle fuerza a la narración.
La película principalmente tratará temas recurrentes en el cine de Tarantino como la venganza, la violencia, el heroísmo y la sátira. En Inglourious Basterds se puede decir que de cierto modo se esta reescribiendo la historia ya que el film se centrará en los hechos de la Segunda Guerra Mundial, aunque con consecuencias alternativas a los hechos reales.
La ficción se centra en las peripecias de un escuadrón de soldados suicidas, los cuales liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) no harán otra cosa que matar nazis de la manera más despiadada. Estos hombres serán denominados “Los Bastardos” y harán cosas como quitarle el cuero cabelludo a cada una de sus victimas como destrozarles la cabeza con un bate de baseball, por lo cual serán el temor de cada alemán que escuche el rumor de su existencia.
Paralelamente se encadenará a los hechos el proceder de Shosanna (Mélanie Laurent), una joven judía francesa quién sufrió la muerte de su familia en manos del ejército alemán y que albergará en su cine el estreno de un film nazi al cual asistirán los principales miembros del Tercer Reich: Adolf Hitler, Joseph Goebbels y Hermann Göring, y obviamente su idea será aniquilarlos y saciar su sangre vengativa.
En este caso se podrá ver la importancia de los personajes femeninos en el cine de Tarantino, ya que Shosanna tendrá la misma o mayor fortaleza que los hombres y nada impedirá que cumpla con su cometido, como podríamos situar a los personajes de Pam Grier en Jackie Brown, Uma Thurman en Kill Bill o el rudo grupo de señoritas que justiciaría a Kurt Russell en Death Proof.
Pero como todo film del estadounidense, Inglourious Basterds es un homenaje al cine, una obra repleta de guiños, no solo al clásico cine bélico como The Dirty Dozen de Robert Aldrich y al sarcasmo de Cross of Iron de Sam Peckinpah; sino más a los films de Sergio Leone, ya que se podría decir que este último film de Tarantino es en gran parte un spaghetti western y podría ser una especie de Il buono, il brutto, il cattivo (El bueno, el malo y el feo) en el marco de la Segunda Guerra Mundial, desde la estructura narrativa y la caracterización de sus personajes hasta los arreglos musicales.
Pero Tarantino no solo deleita con sus citas, tanto a films clásicos como propios, sino que debe ser el director moderno que más aprovecha los recursos que le da el cine, para hacer de estos una especie de collage plástico con la imagen (cuestión que había explotado al máximo en Kill Bill), desde cámaras lentas, el pausar de las acciones, los impactantes planos detalle, como la superposición de títulos que indiquen la importancia de personajes, lugares y situaciones.
También es fundamental como el realizador de Pulp Fiction usa magestualmente los diálogos, expresiones, primeros planos y movimientos de cámara para atrapar al espectador, como lo será en la introducción con un exquisito parlamento entre el siniestro coronel Hans Landa (gran interpretación de Christoph Waltz) y el francés que albergaba a la familia de Shosanna, larga escena (al estilo Thurman/David Carradine en el desenlace de Kill Bill Vol. II) que excede los veinte minutos sin nunca hacer perder la tensión, esa que el estadounidense mantiene extraordinariamente gracias a su capacidad para contar cada fragmento de sus historias.
Pero por sobre todas las cosas, hay que decir que Tarantino es un detallista, no sólo en cada cuadro y diálogo, sino también en la excelente selección musical, desde diversas melodías del mítico Ennio Morricone hasta una brillante escena dibujada con «Cat People (Putting Out The Fire)» de David Bowie. Otro punto para destacar de Inglourious Basterds es la diversidad de idiomas que les dan gran verosimilitud a una trama que está desarrollada en base a varios personajes alemanes y franceses, cuestión poco frecuente en las producciones estadounidenses que generalmente optan por un inglés con acento “extranjero”.
Inglourious Basterds no será una obra de culto como Reservoir Dogs o Pulp Fiction, pero si es un gran film, otro homenaje de Quentin Tarantino hacia el cine, concretando una película desquiciada, profunda y asfixiante desde lo visual hasta lo narrativo, que hace ver a su realizador como un gran bastardo, pero de aquellos llenos de gloria.