miércoles, 27 de enero de 2010

Reencuentro con el metal

Tras la cancelación del show que Metallica iba a brindar en Buenos Aires en 2003, estaba presente la incertidumbre entre como quedaría la relación entre el público argentino y la banda estadounidense; pero el 21 de enero en el estadio de River Plate se produjo un reencuentro más que apacible entre ambas partes con la presentación que se encontraba dentro de la gira World Magnetic Tour.
“Estamos muy contentos de estar acá esta noche” “Queremos hacerlos sentir bien y curar su corazón” eran las palabras de James Hetfield, líder de la banda, en medio de la euforia desatada, tras la banda entonar gloriosos temas de la placa Ride The Lightning como «Creeping Death» y «For Whom The Bells Tolls».
La calurosa noche ya se encontraba ardiendo, y la energía que emanaba Metallica desde arriba del escenario contagió a más de 60 mil personas que se hicieron presentes en Núñez, y la conexión entre ambas partes cada vez era más grande, y más aun si pasaban temas como «Wherever I May Roam», «Fade To Black» y «Sad But True».
También hubo lugar para la presentación de Death Magnetic, último disco de la banda. En distintos momentos de la noche sonaron los temas «That Was Just Your Life», «The End of The Line», «Cyanide» y «All Nightmare Long», algunos de los más destacados de una placa correcta, aunque lejana en calidad a grandes trabajos del pasado.
El mejor momento del show fue cuando la banda entonó «One», genial tema de … And Justice For All, el cual con una introducción de fuegos de artificio sonó impecable, desde cada golpe que Lars Ulrich le daba a la bateria, como por la voz de Hetfield, y el sonar de la cuerdas de Kirk Hammett en guitarra y Robert Trujillo en bajo.
Si hay algo que el show tuvo en especial, fue la lista de temas de la cual fueron partícipes las canciones más logradas de la banda californiana, y a las nombradas anteriormente, luego se sumaron «Master of Puppets», y dos clásicos del disco Metallica (más reconocido como el Black Album) de 1991, como «Nothing Else Matters» y «Enter Sandman» que hicieron delirar al público presente.
Para el final, Hetfield y compañía volvieron a los inicios de la banda y a su primer disco Kill ‘Em All de 1983; más precisamente tocando «Wiplash» y uno de los temas más pedidos de la noche por la gente: «Seek & Destroy», una sinfonía del demonio que hizo de la caldera de River, un paraíso para la multitud que se encontraba en el estadio.
En conclusión, el primero de los tres shows que brindó Metallica en Argentina fue más que satisfactorio, y a pesar de algunos inconvenientes con el volumen, y los equipos de sonido que fallaron en algunos sectores del estadio, la velada fue impecable y marcó el reencuentro del público con la banda estadounidense, quedando sanada la herida por la cancelación del recital que iban a brindar siete años atrás.

lunes, 11 de enero de 2010

Sólo un nuevo impacto visual de Cameron

Avatar, de James Cameron, era el film más esperado y promocionado de los últimos tiempos, ya sea por sus cualidades visuales que proponía, cómo por la incertidumbre que producía el lapso de años que el director no dirigía desde cuando se presentó la multipremiada Titanic en 1997.
La nueva película transcurre en el año 2154 en Pandora, luna de un planeta ficticio en dónde en una región se encuentra el unobtainium, un mineral precioso de sumo valor que hará que una empresa terrestre se instale ahí para sustraer el sólido.
Aunque ya se hizo anteriormente en diversas oportunidades, es muy interesante como Cameron construye un mundo, una raza (unos humanoides azulados denominados Navi) y un idioma propio.
Pero lo más destacable de Avatar es su riqueza visual. Probablemente sea el film que más haya explotado la utilización de la tecnología 3D; y las distintas capas que se pueden observar dentro de cada plano, como la profundidad de campo por momentos son majestuosas.
Por otro lado, los efectos especiales y sonoros nunca dejan de sorprender a los largo de los 163 minutos de duración. Éstos resultan asombrosos, como la fotografía de Mauro Fiore y el gran trabajo de todo el equipo de dirección de arte; tanto que sería un desperdicio no aprovechar Avatar en una sala que no tenga tecnología en tres dimensiones.
Pero volviendo al argumento, se encuentra lo más flojo del film. Una empresa privada será la que se instale en Pandora para extraer el unobtainium, misión que estará comandada científicamente por la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver) y militarmente por el despiadado coronel Miles Quaritch (muy buena interpretación de Stephen Lang). Es ahí cuando aparece en acción Jake Sully (Sam Worthington), un marine que quedó invalido en guerra y será insertando, como otros, en cápsulas para que sus mentes se trasladen a la de los cuerpos artificiales unos navis creados genéticamente (denominados avatares), así éstos podrían acercarse y meterse dentro de la civilización nativa y adquirir sus conocimientos y quitarles valiosa información.
Pero es a partir de aquí donde el conflicto entre razas y la idea de la pertenencia se trastorna un poco, cuando en medio de su misión, Jake se enamora de la nativa Neytiri (Zoe Saldana), produciéndose una relación amorosa entre seres de distintas raíces, tal cual en la leyenda de Pocahontas, o viéndolo de otro punto de vista entre un rezagado militarmente y una joven aborigen, como en Dance With Wolves de Kevin Costner.
Todas estas referencias hacen que la historia de Avatar, símil ideológicamente a la masacre de la conquista de América en 1492, sea un tanto predecible y lejana a narrativas mucho más filosóficas de Cameron como The Terminator. También muchos temas que abarca el film pueden vincularse con la política mundial de los últimos años, ya que a partir de la búsqueda del unobtainium en Pandora, se pueden interpretar desarrollos similares a la explotación del petróleo en Irak y su catástrofe posterior.
En conclusión, Avatar está compuesta por un guión básico, que entre hechos relacionados con la mismísima historia de la humanidad, la leyenda de Pocahontas y aquella idea de entrar en otra realidad estilo The Matrix de los hermanos Wachowski, hacen que el film parezca un tanto convencional; aunque tanto su grandeza visual y su constante ritmo, más el plus 3D, producen que sea una película interesante y sumamente entretenida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Una interesante historia de (des)amor

La opera prima de Marc Webb, (500) Days of Summer, es otro inteligente film del siglo XXI que demuestra que a partir de una historia de relaciones amorosas se puede lograr una obra muy rica en tanto al lado visual e intelectual cinematográficamente como también por el lado de una atrayente narrativa.
No sería descabellado pensar que el film de Webb completa una serie, justo a fines de la década, con Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (2001) de Jean-Pierre Jeunet y Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) de Michel Gondry. Las tres películas poseen mucho en común, a partir de lo expuesto anteriormente como en su propuesta tanto para un público erudito como masivo, cuestión que hace probable que con el tiempo estas clase de obras, a pesar de de ser muy buenas e interesantes, terminen siendo un tanto sobrevaloradas.
Pero volviendo específicamente a (500) Days of Summer, el film narra la historia de amor y desamor entre Tom (interpretado por Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel). La narración se basa en contar desde el momento en que él descubre a su chica soñada en dónde todo lo que siempre imaginó como “ideal” se cumple a través de su relación con ella; como también las peleas, recriminaciones y la posterior separación.
No por nada, en un principio, se dijo que el film de Webb es rico a lo que a lenguaje cinematográfico se refiere. (500) Days of Summer es conjugado brillantemente por un llevadero guión de Scott Neustadter y Michael H. Weber, como por la ingeniosa narrativa no lineal que hace saltar de un día a otro de la relación entre ambos, ya sea desde el momento en que se conocen y todo es mágico, hasta las más feroces discusiones, que a través de los distintos hilos temporales, le darán un toque más atrayente a los hechos que se irán intercalando, ya sean en el día 1 o en el 495 del tiempo que mantuvieron juntos.
Entre todas sus virtudes, hay que decir que la película esta llena de recursos que la enriquecen, como la inclusión de dibujos animados y la utilización del falso documental bien al estilo Annie Hall de Woody Allen; como con distintos juegos con la imagen, desde ir del color al blanco y negro, como degradar la fotografía al dibujo y distintas animaciones, divisando ahí la importancia de que Tom sea arquitecto y sobreestime sus diseños al pasar varios años trabajando en una compañía de tarjetas de regalo. También hay que darle un crédito extra a una excelente escena en dónde se opta por dividir la pantalla en dos, y en una se muestran las expectativas del protagonista, en tanto que en la otra la misma acción, pero a través de la triste realidad.
Como en Le fabuleux destin d'Amélie Poulain y Eternal Sunshine of the Spotless Mind, las actuaciones de los protagonistas producirán que los espectadores se sientan identificados con los personajes, los cuales en este caso resultan más que entretenidos y encantadores, para redondear que las interpretaciones de Gordon-Levitt y Deschanel sean mas que confortantes.
Pero a parte de un gran film, (500) Days of Summer, es un homenaje a la historia del rock británico con citas que rondan desde The Beatles, pasando por los Sex Pistols hasta The Smith. También el entorno musical del film, que siempre abunda entre el rock y lo indie, abarcará temas de grandes artistas como Simon & Garfunkel, Pixies, Regina Spektor y Carla Bruni. Un momento interesante y llamativo de la obra, encaminado a su extensa consideración a la música, es cuando Tom y Summer discuten en un local de discos sobre quién fue el mejor beatle, manifestando ella su amor por Ringo Starr, reconocido popularmente como el menos popular de los cuatro de Liverpool.
Por otro lado, también es para destacar el homenaje que Webb le hace al cine mismo, desde situaciones muy al estilo de la Nouvelle vague y los primeros films de Jean-Luc Godard y François Truffaut, como a Det sjunde inseglet (El séptimo sello) de Ingmar Bergman. Mucho de esto se producirá a partir de la alusión al cine dentro del cine, en divertidas escenas en una sala cinematográfica dónde, a parte de ser espectador, Tom aparecerá en la pantalla de la película que está observando.
En conclusión, (500) Days of Summer es una interesante película, que aunque tenga algunos típicos clichés del género, demuestra que es un film muy rico a nivel visual e intelectual, que podrá atraer a diversos públicos a través de un film, que como remarca Webb, no es una historia de amor, sino que simplemente destaca diferentes matices de tal sentimiento.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Fuerza natural en el Ciudad de la furia


El recital que brindó Gustavo Cerati el domingo 20 de diciembre le dio un cierre más que digno a lo que fueron las presentaciones en el Club Ciudad de Buenos Aires, ya que es de conocimiento público que este escenario no recibirá más shows musicales debido a las constantes quejas de los vecinos de la zona.
El ciudad ya se había convertido en un escenario clásico, dónde rondaron importantes bandas como Radiohead, The Mars Volta y R.E.M., entre otros; y en este caso el ex Soda Stereo presentó su última placa, Fuerza natural, refiriéndose al caso: “¿Cómo está el volumen? Saludos a los vecinos; o sino pongan más lugares para tocar”.
Como era de prever, el show arrancó a todo volumen, en un primer set dónde Cerati presentó los temas de su nuevo disco, pasando primero por lo rock pop eléctrico como «Fuerza natural», «Magia», «Déjà vu», «Desastre» y «Rapto», en un comienzo que se lo vio de negro y con antifaz con su energía característica sobre el escenario.
Después fue el turno del segmento electroacústico de su nuevo álbum, dónde expuso «Amor sin rodeos», «Tracción a sangre» y la impecable «Cactus», el tema mejor logrado de Fuerza natural.
Para cerrar la primera parte del recital, Cerati tocó las canciones restantes del disco (aunque «#» quedó para el final del show), o sea «Naturaleza muerta», «Dominó», «Sal», «Convoy» y una extensa e alucinante versión de la psicodélica «He visto a Lucy», para la cual se sumó Gillespie.
Luego de un receso vendría el momento más importante de la calurosa noche en el Club Ciudad, cuando Cerati homenajeó a la fallecida Mercedes Sosa tocando una impecable versión de «Zona de promesas» de Soda Stereo, tema que cantaron a dúo en Cantora, último álbum de ella.
Para la segunda parte del espectáculo, Gustavo (ya de blanco) se propuso a recorrer varios temas de discos anteriores de su carrera solista, arrancando con grandes composiciones de su primera placa Amor amarillo, como «Pulsar» y «Te llevo para que me lleves», aunque en esta última, el acompañamiento en voz de Anita Álvarez Toledo dejó mucho que desear.
Luego Cerati y su banda (muy bueno lo de Richard Coleman en guitarra y Fernando Samalea en batería) recorrieron hits como «Crimen», «Paseo Inmoral», «Cosas imposibles» y «La excepción», la cual se intercaló con el riff de «Rebel Rebel», excelente tema de David Bowie allá por los 70.
Para el final, quedarían «Puente», «Lago en el cielo», «Vivo» y «Jugo de Luna», para clausurar el Club Ciudad con el ya nombrado «#». El show fue de una fuerza natural impecable, y a todo volumen, Cerati le dio un cierre más que digno a un escenario característico de los últimos años como el Club Ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Una de vampiros diferente a las demás

En una época donde los vampiros se encuentran devaluados, o mejor dicho ultra popularizados con la masiva Twilight, novela de Stephenie Meyer que luego fuese llevada al cine al estilo Harry Potter; aparece una variante más que interesante: Låt den rätte komma in (Criatura de la noche) del sueco Tomas Alfredson.
¿Por qué la diferenciación? El de Alfredson es todo lo contrario a aquellos films pochocleros que, en cierto punto, son construidos para atraer a masas de adolescentes y fanáticos que concurren disfrazados a las salas; es todo lo contrario, se asemeja más a una película con su propio y bien definido estilo que seguramente con el transcurso de los años podrá ser valorada como de culto dentro del género.
Låt den rätte komma in narra la historia de Eli (Lina Leandersson), una niña vampiro con complicaciones para conseguir sangre fácil, que se enamorara de Oskar (Kåre Hedebrant), un chico solitario con problemas familiares y en la escuela, que quedará asombrado con la personalidad de su nueva amiga. A partir de la unión entre ambos, se defenderán mutuamente y conformarán una historia de amor tan inocente como real.
El film de Alfredson es muy rico desde el punto de vista estético, ya que desde un principio se desliga de toda estructura renacentista de los tiempos de Drácula, la clásica novela de Bram Stoker, como ha sucedido en la mayoría de los films sobre el vampirismo. Låt den rätte komma in mantiene una estética delicada y encantadora, como la mismísima Estocolmo dónde se sitúan los hechos de la historia.
La fotografía de Hoyte Van Hoytema provoca que en la fría ciudad sueca se produzcan situaciones calidas. Cada plano es maravilloso, y por lo pintoresco se lo podría situar como dentro de una continuación por lo propuesto por el maestro del cine nórdico, Ingmar Bergman, y especialmente su film Fanny och Alexander, que justamente también narraba la relación entre unos niños.
Pero lo que hace que Låt den rätte komma in sea un gran hallazgo dentro del cine actual es el impecable guión de John Ajvide Lindqvist, quién adapto su propia novela para crear una historia desgarradora, narrando acciones maravillosas como un ataque de Eli a unos agresores de Oskar en una pileta de natación, que quedará en el recuerdo como una de las escenas más grandiosas de los últimos tiempos, a lo que se refiere a equilibrio entre el desenlace de la acción dramática y la brillantez visual.
Låt den rätte komma in es un film de vampiros distinto, tan encantador como aterrador, que mediante personajes muy bien definidos (interpretados de gran manera por sus protagonista) logran un clima más que interesante en una película que no abusa de la sangre, aunque si la utiliza al por mayor para crear un entorno verosímil y lleno de significación.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Un show histórico que será eterno

El pasado viernes 4 de diciembre no fue un día convencional. En el estadio de Vélez Sarsfield se produjo un acontecimiento atípico, un show de aquellos que quedarán en el recuerdo por siempre. El espectáculo de Luis Alberto Spinetta mantuvo una lucidez descomunal a lo largo de casi cinco horas y media de pura emoción que enmarcaron un hecho histórico.
Ni siquiera en el plano de las estructuras, el mega recital de Spinetta fue convencional. Cerca de las 22, el Flaco salió al escenario de un estadio colmado con casi 40 mil espectadores, y en principio habló con su público y nombró a los músicos que le hubiera gustado que se hagan presentes en la noche de Liniers, como Pedro Aznar, León Gieco y Frank Ojtersek; en tanto que mencionó a los que le hubiera gustado versionar y no encontró lugar en el show, como Moris, Andrés Calamaro, Carlos “Indio” Solari y Hugo Fattoruso.
En principio, se puede decir que fue un acontecimiento histórico por dónde se lo mire, y quizás el concierto más importante de la historia del rock en nuestro país, porque como se ira resumiendo en este escrito, en el escenario de Vélez estuvieron todas las glorias nacionales del género, ya sea en presencia o siendo versionados en su mayoría por el eterno Spinetta.
Todo comenzó con la hermosa entonación de «Mi elemento» para dar comienzo a la emocionante velada musical, en dónde Spinetta repasaría su extenso y maravilloso repertorio, siendo cortejado, no sólo por la gran mayoría de los músicos que lo acompañaron a lo largo de estos 40 años de carrera, sino también por una larga lista de “genios” (como el mismo los destacaba) que admira y deseaba que participen de la noche.
El show denominado “Spinetta y sus bandas eternas” se dividió en dos segmentos, en el primero, el Flaco con la participación de distintos músicos invitados como Javier Malosetti, Diego Rapoport y Leo Sujatovich, comenzó a repasar grandes temas de Spinetta Jade, como «Alma de diamante» y «¿No ves que ya no somos chiquitos?», y de su carrera solista, como «Ella también» y «Cementerio club».
El show era muy emotivo y lo fue más a medida que grandes figuras fueron saltando al escenario para acompañar a Spinetta. La aparición de Fito Páez, quién grabara con el Flaco La, la, la en 1986, fue más que importante para el espectáculo, y verlos entonar con total exuberancia temas como «Las cosas tienen movimiento» y «Asilo en tu corazón» fue desgarrador, para terminar cerrando el set con un gran dicho de Páez: “Luis Alberto… siempre estarás en mi”.
Luego sería el turno de otro peso pesado de la historia del rock argentino, Gustavo Cerati, con el que cantaron a dúo «Té para tres» de Soda Stereo y «Bajan » del monumental disco Artaud que Spinetta grabó en 1973. Ambos temas sonaron impecables y la emoción de Cerati se pudo observar al retirarse con la arenga “Si hay un sueño cumplido, es éste”.
Hasta ese momento, el show era un gran manifiesto emocional lleno de sorpresas, a las cuales se sumaron los dignos homenajes que Spinetta le hizo a leyendas del rock nacional, versionando maravillosas canciones como «Mariposas de madera» de Miguel Abuelo, «El rey lloró» de Litto Nebbia y «A dónde está la libertad» de Pappo (con el acompañamiento de Juanse en voz), para cerrar con «Necesito un amor» de Javier Martínez y la presentación sobre el escenario de sus hijos Dante y Valentino, tocando la guitarra y rapeando, respectivamente.
Uno de los momentos más esperados de la noche, era el de la presencia de la otra gran leyenda viviente del rock argentino: Charly García, para el cual Spinetta le rindió un merecido homenaje versionando su tema «Filosofía barata y zapatos de goma».
Luego, saldría a la escena el propio García para vocalizar junto a Spinetta el ya clásico de ambos «Rezo por vos», que al igual que en el recital del primero en octubre pasado, sonó en gran forma y nos permitió una vez más poder vislumbrar en pareja a los dos más grandes del rock argentino.
Después de un merecido intervalo, comenzaría el segundo segmento y las emociones que se empezarían a producir serían inagotables. Como puntapié inicial se presentarían Los socios del desierto con Marcelo Torres y Malosetti (en lugar del fallecido Daniel Wirtz) para deslumbrar junto al Flaco con temas como «Nasty people» y «Bosnia».
Pero aquello no sería nada a comparación del momento que se pudo vivir después cuando aparecieron en el escenario de Vélez, Carlos Alberto “Machi” Rufino y Hector “Pomo” Lorenzo, quienes junto a Spinetta formaban Invisible, la fenomenal banda de los 70.
El trío hizo vibrar al público que se hizo presente en la noche en Liniers con clásicos como «Durazno sangrando» y «Jugo de lúcuma», en tanto que maravillaron con el hermoso tema «Niño condenado», para el cual escuchar la voz del Flaco fue una experiencia mágica. Para el final, versionaron a Tanguito y su eterno tema
«Amor de primavera», dejando en el recuerdo a uno de los pocos grandes que faltaban en el show.
Después llegaría el momento de mayor explosión de la noche, con la presentación de Pescado Rabioso y la de los integrantes originarios de la banda: Black Amaya, Osvaldo “Bocón” Frascino, Carlos Cutaia, David Lebón y obviamente el propio Spinetta.
Lo expuesto por Pescado fue magnífico y clásicos como «Poseído del alba», «Despiértate nena» y «Me gusta ese tajo» hicieron enloquecer a todo el estadio, cargándole una cuota más de adrenalina y brillantez musical a un show que era anecdótico.
A lo que a presentación de las bandas eternas se refiere, lo que el público tuvo oportunidad de ver para lo último fue un lujo, porque junto a Spinetta se presentaron Edelmiro Molinari, Emilio Del Güercio y Rodolfo García, los integrantes iniciales de Almendra.
Fue emocionante ver a los cuatro juntos luego de tantos años, y más aun escucharlos (con la excelencia que los caracterizaba en los 60 y la propia madurez actual) hacer temas inolvidables como «Color humano» y «Fermín», en tanto que por último, el Flaco desenfundo la guitarra acústica y el grupo unido en un círculo entonaron quizás el tema más recordado de aquellos tiempos: «Muchacha», en lo que fue una presentación deslumbrante.
Ya acercándose al final, Spinetta tocó «8 de octubre», tema homenaje a las víctimas de la tragedia en Santa Fe, tema para el cual se le sumó Mollo en guitarra. Luego quedaría el cierre con grandes hits de su carrera solista como «Seguir viviendo sin tu amor», «Yo quiero ver un tren» y «No te alejes tanto de mí».
En conclusión, se puede decir que el recital que brindó Spinetta junto a sus bandas eternas y distintos invitados fue un hecho histórico. Un acontecimiento de una magnitud digna de un genio, que quedará en el recuerdo por siempre, para el cual esta humilde nota es poco, ya que un show que será eterno como este, sería digno de la extensión de un libro.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El rock fue más fuerte que la lluvia

La lluvia era desgarradora, parecía que el fin del mundo se acercaba. Es que estaba faltando algo, o más dicho alguien. Más de un año y medio ausente. Hace un mes en Lima, luego en Santiago se rumoreaba la reaparición de aquella leyenda, la cual retumbó siempre entre la jerga porteña, pero se extrañaba en presencia, hasta que un día en su cumpleaños 58 el ídolo reapareció y ni la tempestad pudo con él en cuanto comenzó a entonar cada melodía: a Charly García se lo pudo escuchar como hace mucho no se lo hacía.
La expectativa era enorme, por eso ni la tormenta ni ese panorama apocalíptico remitieron a que la gente no se acercara aquel 23 de octubre al estadio de Vélez Sarsfield a presenciar, luego de su internación, el regreso a los escenarios de una eminencia como García. Si la lluvia era problema para muchos, todo quedo de lado cuando el maestro entonó «El amor espera» y comenzó un show electrizante, de aquellos que no dejan respiro.
En parte se puede decir que a primera impresión se extrañaba ver a un Charly descontrolado e hiperactivo sobre el escenario, aunque aquello es simplemente un estilo de moral producto de la ideología rock, porque lo que realmente se añoraba era esa “voz”, esa tonada única, la cual desparramaba melodías mágicas y se escuchaba un tanto desgastada los últimos años. Escucharlo a García esa noche fue una reminiscencia a la década de 1980.
Así a lo largo de casi dos horas emocionantes, García recorrió grandes hits de su extenso repertorio e inmortales obras, desde Yendo de la cama hacia el living hasta Rock and Roll y yo fue intercalando recordados temas de toda su discografía.
El momento más emocionante de la velada fue cuando Charly presentó a la otra leyenda viviente del rock argentino: Luis Alberto Spinetta. “Les presento a mi ídolo y maestro” les decía García a las más de 30 mil personas que se hicieron presentes. Y el Flaco se presentó en la fiesta, un invitado de lujo al cumpleaños, y como no era para menos tocó con su guitarra y entonó con el homenajeado «Rezo por vos», tema que habían compuesto en conjunto en los 80. Realmente fue un lujo y un hecho histórico presenciar a las dos figuras más grandes de lo que se refiere a rock en la Argentina.
Pero sin duda no se puede dejar de manifestar lo conmovedor que fue escuchar la voz de Charly, la cual lució brillante. Sus agudos se lucieron como hace tiempo no lo hacían. Temas como «No soy un extraño», «Influencia» o «Chipi-chipi», que de por si derivan mucho esfuerzo por su complejidad melódica sonaron maravillosamente.
La noche fue explosiva. Charly y su banda tocaban un gran tema tras otro, desde «Demoliendo hoteles», «Raros peinados nuevos», «No voy en tren» hasta una gran versión de «No toquen», una de las canciones emblemas de su álbum Cómo conseguir chicas, la cual sonó impactante.
En conclusión, el show no dejó respiros. La gente saltaba y bailaba bajo la interminable tormenta. Charly agradecido en un momento exclamaba: “Hoy el rock es más fuerte que la lluvia” y que razón tenía. Sólo importaba disfrutar de un momento único. Un reencuentro con la magia que provoca la música interpretada a través de un genio. Fue una noche de puro éxtasis, y como diría el gran García: Say no more.