sábado, 27 de febrero de 2010

Otra exquisita pieza del atractivo universo de los Coen

Los hermanos Joel y Ethan Coen siempre se destacaron por ser creadores de un cine meramente intelectual dentro de los abismos entre el drama y la comedia. Con su nuevo trabajo: A Serious Man, concretaran otra muy buena obra que oscilará entre las ironías que se producen en la vida en torno a un grupo familiar.
Luego de una comedia ligera como Burn After Reading, los Coen desarrollan un film de más tinte dramático pero con genialidades de humor negro, basándose como lo hacen habitualmente a partir de inteligentes guiones y grotescos personajes que dan vida al film.
A Serious Man contará la historia de Larry Gopnik (cuya interpretación de Michael Stuhlbarg resulta extraordinaria), un profesor judio de matemáticas, que tendrá diversos inconvenientes existenciales con su vida y religión, cómo con su familia, ya que su mujer quiere divorciarse e irse con otro hombre, su hermano infringirá la ley y sus hijos le resultarán incontrolables.
El gran acierto del film, a parte de sus divertidos e inteligentes diálogos, será la composición de sus personajes, tan prolijamente profundos y complejos como burlescos. Pero más allá de todo, lo que provocará la atracción será (como en los demás films de los Coen) la verosimilitud de éstos, ya que por la manera de ser como las peripecias que deberán atravesar, tranquilamente pueden ser vistos y analizados a partir de la vida real.
Respecto al protagonista, el personaje que interpreta Stuhlbarg es de un carácter atrapante, de esos que generan un interés especial en el espectador por la complejidad dramática de la interpretación, cuestiones que ya se habían visto más que una vez en el cine de los Coen, siendo Javier Bardem en No Country for Old Men o John Turturo en Barton Fink, para citar tan solo dos de los cuantos ejemplos que se podrían agrupar.
Pero a parte de sus intérpretes, la trama de A Serious Man será más que ingeniosa, ya que las relaciones entabladas entre los personajes principales y las geniales apariciones secundarias, en un marco plenamente irónico sobre la vida y la religión judía hacen del film una propuesta sumamente atractiva.
A Serious Man es otra pieza exquisita en la consagrada filmografía de los Coen, tanto en el plano narrativo como visual, que sumado a las grandes interpretaciones (y el acierto de que no sean actores famosos de la gama hollywoodense) hacen que la película sea de sumo interés dentro del atractivo universo de los hermanos estadounidenses.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El anillo equivocado

Peter Jackson es uno de los directores más interesantes que se pudieron encontrar en las últimas décadas, desde sus comienzos con films sumamente bizarros como Bad Taste o Braindead, la genial Heavenly Creatures, hasta sus mega producciones como la trilogía de The Lord of the Rings y la remake de King Kong. En este caso, con The Lovely Bones, su nuevo film, el realizador neozelandés construye una película banal e intrascendente que tendrá poco que ver con su interesante filmografía.
El film narra la historia de Susie Salmon, una niña que fue asesinada a los 14 años, y que desde el cielo contará tanto lo sucedido, cómo lo que le irá pasando a su familia y al demente que la mató.
En un principio, The Lovely Bones parece ser interesante, con una historia bien narrada y gustosamente ambientada. Pero a partir de ahí se irá deslumbrando uno de los principales inconvenientes de la obra, que será el inapropiado uso de los recursos del suspenso. Resulta extraño que un conocedor del cine como Jackson, que a su vez utiliza interesantes referencias culturales a la literatura de Albert Camus o Truman Capote, se haya olvidado del legado que dejó Alfred Hitchcock, más aun que la historia que describe, en esta ocasión esta configurada para que se desarrolle plenamente el género.
Pero se puede decir que la parte de la historia que se desarrolla en el mundo real es correcta, y que el mayor inconveniente del film está en lo que ocurre en terreno imaginario, o sea en el universo que se encuentra Susie al morir. Ya nada quedará de aquel surrealismo encantador de Heavenly Creatures, sino que todo será vulgar y estéticamente absurdo, dando la sensación que la imagen se encuentre cargada de objetos ridículos y desafortunados.
Por otro lado, no solo lo visual será lo defectuoso de aquel mundo mágico, sino que respecto a lo narrativo, la mayoría de las acciones que transcurren en tal sitio carecen de mucho sentido, como a su vez las relaciones que tendrá Susie con otras niñas que también habían sido asesinadas por el mismo hombre.
Para destacar del film sólo nos queda la divertida actuación de Susan Sarandon (como la abuela de Susie) y las muy buenas interpretaciones de Mark Wahlberg (el padre) y Stanley Tucci (el asesino).
The Lovely Bones es un film que deja mucho que desear, más teniendo en cuenta la filmografía de Jackson, no siendo exagerado decir que esta vez quedó lejos de las andanzas de J. R. R. Tolkien y se puso el anillo equivocado, al crear una obra para el olvido, que en ciertos puntos parece ridícula y carente de todo tipo de emociones.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Un brillante viaje a los 90

The Cranberries fue una de las grandes bandas que dejaron los 90 dentro del rock/pop alternativo; en tanto que en la actualidad, el grupo irlandés emprendió la gira que los reunió tras siete años, en la cual se presentaron en el Luna Park brindando un show impecable.
Para la presentación del 5 de febrero, el mítico estadio se encontraba lleno para recibir a Dolores O’Riordan y compañía, que a eso de las 21.30 saltaron al escenario y ofrecieron un electrizante recital de un poco más de hora y media, en donde entre baladas y hits rockeros presentaron los grandes temas de su discografía.
O’Riordan se mostró con toda la energía, saltando, bailando y conversando con el público que le rendía tributo. Con ella se presentaron los integrantes originales de la banda de Limerick, o sea el gran batero Fergal Lawler y los hermanos Mike y Noel Hogan, que deliraron con la guitarra y el bajo respectivamente.
La gran noche de The Cranberries se iniciaría con «How», para seguir curso con dos grandes baladas como «Animal Instinct» y «Linger», clásico de Everybody Else Is Doing It, So Why Can't We?, primer disco de la banda.
El brindado por los irlandeses, fue un show de emociones varias, ya sea por las ganas y complejidad artística por parte de los músicos, como por el repertorio propuesto, en el cual la gran mayoría de los presentes se habrá ido conforme, ya que los temas tocados fueron los más destacados de la banda.
Fue una noche especial, The Cranberries envolvía al público con un sonido impecable y temas como «Dreaming My Dreams», «When You’ re Gone», «Ode to My Family» y «Free to Decide» emocionaban a los presentes y mantenían latente aquel espíritu de los 90.
La energía era sumamente positiva y O’Riordan bailaba y flameaba una bandera argentina que le pasaron del público; en tanto que la gente deliraba cada minuto más al escuchar emotivos temas como «Salvation» de la placa To the Faithful Departed y «Zombie» de No Need to Argue.
Luego de una seguidilla de grandes canciones, vendría un pequeño receso y el eufórico grito del público para que la banda termine volviendo al escenario y cierre el show con «Promises» y «Dreams».
No hay mucho más que agregar. El de The Cranberries en el Luna Park fue un show alucinante que quedará en el recuerdo de los presentes, ya que el espectáculo brindado por la agrupación liderada por O’Riordan supero todo tipo de expectativas y demostró que la banda que había sido icono en los 90 se encuentra de la mejor forma.

lunes, 1 de febrero de 2010

Mandela según Eastwood

El gran Clint Eastwood, ya había incurrido últimamente a historias basadas en hechos reales cuando hizo la saga de la Segunda Guerra Mundial con Flags of Our Fathers y Letters from Iwo Jima; y en Invictus, su nuevo film, narra una etapa de la vida del ex mandatario sudafricano Nelson Mandela.
La película se desarrollará en el período post Apartheid, cuando Mandela asume la presidencia, siendo una de sus primeras estrategias políticas unir la raza negra con sus pares blancos sudafricanos, y como medida a esto, se tornará a darle gran importancia a la participación de su país en el Mundial de Rugby del cual serían anfitriones.
El rugby en Sudáfrica era en su mayoría para los blancos, pero el nuevo líder sudafricano, a pesar de haber estado 27 años en prisión, tenía como meta la unificación social tras un largo período racista, siendo la pasión por el deporte la excusa para quebrar determinadas fronteras.
Mandela (que es interpretado en gran forma por Morgan Freeman) apoyará a los alicaídos Sprinkbooks a través de su capitán Francois Pienaar (Matt Damon), al cual no solo animará para las conquistas deportivas, sino que le hará dar cuenta de la realidad social que se estaba viviendo hace largos años.
A simple vista, Invictus parece ser un film simple, pero Eastwood demuestra una vez más que es un gran narrador, que puede hacer de un acontecimiento simple una gran y conmovedora historia que atrape constantemente a través de personajes fuertes y hechos muy bien detallados.
Como en Letters from Iwo Jima, dónde se mostraba culpabilidad de ambos lados, ya sea del mando estadounidense como del japonés en la atroz Segunda Guerra Mundial; Invictus también tendrá esa esfera moral bien remarcada entre dos partes que lamentablemente debieron ser separadas por la vergonzosa política racista por la cual Mandela luchó e intentó de abolir.
El film será emocionante en todo momento, ya que cada escena encaja con la siguiente con una emotividad única que le da Eastwood, comandado por la impecable banda sonara a cargo de su hijo Kyle y la realista fotografía de Tom Stern.
En conclusión, Invictus es un film más que correcto a pesar de no alcanzar la magnitud de otros de Eastwood como Mystic River o Unforgiven; destacándose que a través de una historia simple, pero narrada brillantemente, se pueda redondear otra película emocionante dentro de la filmografía de uno de los pocos genios que quedan con vida en el cine contemporáneo.

miércoles, 27 de enero de 2010

Reencuentro con el metal

Tras la cancelación del show que Metallica iba a brindar en Buenos Aires en 2003, estaba presente la incertidumbre entre como quedaría la relación entre el público argentino y la banda estadounidense; pero el 21 de enero en el estadio de River Plate se produjo un reencuentro más que apacible entre ambas partes con la presentación que se encontraba dentro de la gira World Magnetic Tour.
“Estamos muy contentos de estar acá esta noche” “Queremos hacerlos sentir bien y curar su corazón” eran las palabras de James Hetfield, líder de la banda, en medio de la euforia desatada, tras la banda entonar gloriosos temas de la placa Ride The Lightning como «Creeping Death» y «For Whom The Bells Tolls».
La calurosa noche ya se encontraba ardiendo, y la energía que emanaba Metallica desde arriba del escenario contagió a más de 60 mil personas que se hicieron presentes en Núñez, y la conexión entre ambas partes cada vez era más grande, y más aun si pasaban temas como «Wherever I May Roam», «Fade To Black» y «Sad But True».
También hubo lugar para la presentación de Death Magnetic, último disco de la banda. En distintos momentos de la noche sonaron los temas «That Was Just Your Life», «The End of The Line», «Cyanide» y «All Nightmare Long», algunos de los más destacados de una placa correcta, aunque lejana en calidad a grandes trabajos del pasado.
El mejor momento del show fue cuando la banda entonó «One», genial tema de … And Justice For All, el cual con una introducción de fuegos de artificio sonó impecable, desde cada golpe que Lars Ulrich le daba a la bateria, como por la voz de Hetfield, y el sonar de la cuerdas de Kirk Hammett en guitarra y Robert Trujillo en bajo.
Si hay algo que el show tuvo en especial, fue la lista de temas de la cual fueron partícipes las canciones más logradas de la banda californiana, y a las nombradas anteriormente, luego se sumaron «Master of Puppets», y dos clásicos del disco Metallica (más reconocido como el Black Album) de 1991, como «Nothing Else Matters» y «Enter Sandman» que hicieron delirar al público presente.
Para el final, Hetfield y compañía volvieron a los inicios de la banda y a su primer disco Kill ‘Em All de 1983; más precisamente tocando «Wiplash» y uno de los temas más pedidos de la noche por la gente: «Seek & Destroy», una sinfonía del demonio que hizo de la caldera de River, un paraíso para la multitud que se encontraba en el estadio.
En conclusión, el primero de los tres shows que brindó Metallica en Argentina fue más que satisfactorio, y a pesar de algunos inconvenientes con el volumen, y los equipos de sonido que fallaron en algunos sectores del estadio, la velada fue impecable y marcó el reencuentro del público con la banda estadounidense, quedando sanada la herida por la cancelación del recital que iban a brindar siete años atrás.

lunes, 11 de enero de 2010

Sólo un nuevo impacto visual de Cameron

Avatar, de James Cameron, era el film más esperado y promocionado de los últimos tiempos, ya sea por sus cualidades visuales que proponía, cómo por la incertidumbre que producía el lapso de años que el director no dirigía desde cuando se presentó la multipremiada Titanic en 1997.
La nueva película transcurre en el año 2154 en Pandora, luna de un planeta ficticio en dónde en una región se encuentra el unobtainium, un mineral precioso de sumo valor que hará que una empresa terrestre se instale ahí para sustraer el sólido.
Aunque ya se hizo anteriormente en diversas oportunidades, es muy interesante como Cameron construye un mundo, una raza (unos humanoides azulados denominados Navi) y un idioma propio.
Pero lo más destacable de Avatar es su riqueza visual. Probablemente sea el film que más haya explotado la utilización de la tecnología 3D; y las distintas capas que se pueden observar dentro de cada plano, como la profundidad de campo por momentos son majestuosas.
Por otro lado, los efectos especiales y sonoros nunca dejan de sorprender a los largo de los 163 minutos de duración. Éstos resultan asombrosos, como la fotografía de Mauro Fiore y el gran trabajo de todo el equipo de dirección de arte; tanto que sería un desperdicio no aprovechar Avatar en una sala que no tenga tecnología en tres dimensiones.
Pero volviendo al argumento, se encuentra lo más flojo del film. Una empresa privada será la que se instale en Pandora para extraer el unobtainium, misión que estará comandada científicamente por la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver) y militarmente por el despiadado coronel Miles Quaritch (muy buena interpretación de Stephen Lang). Es ahí cuando aparece en acción Jake Sully (Sam Worthington), un marine que quedó invalido en guerra y será insertando, como otros, en cápsulas para que sus mentes se trasladen a la de los cuerpos artificiales unos navis creados genéticamente (denominados avatares), así éstos podrían acercarse y meterse dentro de la civilización nativa y adquirir sus conocimientos y quitarles valiosa información.
Pero es a partir de aquí donde el conflicto entre razas y la idea de la pertenencia se trastorna un poco, cuando en medio de su misión, Jake se enamora de la nativa Neytiri (Zoe Saldana), produciéndose una relación amorosa entre seres de distintas raíces, tal cual en la leyenda de Pocahontas, o viéndolo de otro punto de vista entre un rezagado militarmente y una joven aborigen, como en Dance With Wolves de Kevin Costner.
Todas estas referencias hacen que la historia de Avatar, símil ideológicamente a la masacre de la conquista de América en 1492, sea un tanto predecible y lejana a narrativas mucho más filosóficas de Cameron como The Terminator. También muchos temas que abarca el film pueden vincularse con la política mundial de los últimos años, ya que a partir de la búsqueda del unobtainium en Pandora, se pueden interpretar desarrollos similares a la explotación del petróleo en Irak y su catástrofe posterior.
En conclusión, Avatar está compuesta por un guión básico, que entre hechos relacionados con la mismísima historia de la humanidad, la leyenda de Pocahontas y aquella idea de entrar en otra realidad estilo The Matrix de los hermanos Wachowski, hacen que el film parezca un tanto convencional; aunque tanto su grandeza visual y su constante ritmo, más el plus 3D, producen que sea una película interesante y sumamente entretenida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Una interesante historia de (des)amor

La opera prima de Marc Webb, (500) Days of Summer, es otro inteligente film del siglo XXI que demuestra que a partir de una historia de relaciones amorosas se puede lograr una obra muy rica en tanto al lado visual e intelectual cinematográficamente como también por el lado de una atrayente narrativa.
No sería descabellado pensar que el film de Webb completa una serie, justo a fines de la década, con Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (2001) de Jean-Pierre Jeunet y Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) de Michel Gondry. Las tres películas poseen mucho en común, a partir de lo expuesto anteriormente como en su propuesta tanto para un público erudito como masivo, cuestión que hace probable que con el tiempo estas clase de obras, a pesar de de ser muy buenas e interesantes, terminen siendo un tanto sobrevaloradas.
Pero volviendo específicamente a (500) Days of Summer, el film narra la historia de amor y desamor entre Tom (interpretado por Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel). La narración se basa en contar desde el momento en que él descubre a su chica soñada en dónde todo lo que siempre imaginó como “ideal” se cumple a través de su relación con ella; como también las peleas, recriminaciones y la posterior separación.
No por nada, en un principio, se dijo que el film de Webb es rico a lo que a lenguaje cinematográfico se refiere. (500) Days of Summer es conjugado brillantemente por un llevadero guión de Scott Neustadter y Michael H. Weber, como por la ingeniosa narrativa no lineal que hace saltar de un día a otro de la relación entre ambos, ya sea desde el momento en que se conocen y todo es mágico, hasta las más feroces discusiones, que a través de los distintos hilos temporales, le darán un toque más atrayente a los hechos que se irán intercalando, ya sean en el día 1 o en el 495 del tiempo que mantuvieron juntos.
Entre todas sus virtudes, hay que decir que la película esta llena de recursos que la enriquecen, como la inclusión de dibujos animados y la utilización del falso documental bien al estilo Annie Hall de Woody Allen; como con distintos juegos con la imagen, desde ir del color al blanco y negro, como degradar la fotografía al dibujo y distintas animaciones, divisando ahí la importancia de que Tom sea arquitecto y sobreestime sus diseños al pasar varios años trabajando en una compañía de tarjetas de regalo. También hay que darle un crédito extra a una excelente escena en dónde se opta por dividir la pantalla en dos, y en una se muestran las expectativas del protagonista, en tanto que en la otra la misma acción, pero a través de la triste realidad.
Como en Le fabuleux destin d'Amélie Poulain y Eternal Sunshine of the Spotless Mind, las actuaciones de los protagonistas producirán que los espectadores se sientan identificados con los personajes, los cuales en este caso resultan más que entretenidos y encantadores, para redondear que las interpretaciones de Gordon-Levitt y Deschanel sean mas que confortantes.
Pero a parte de un gran film, (500) Days of Summer, es un homenaje a la historia del rock británico con citas que rondan desde The Beatles, pasando por los Sex Pistols hasta The Smith. También el entorno musical del film, que siempre abunda entre el rock y lo indie, abarcará temas de grandes artistas como Simon & Garfunkel, Pixies, Regina Spektor y Carla Bruni. Un momento interesante y llamativo de la obra, encaminado a su extensa consideración a la música, es cuando Tom y Summer discuten en un local de discos sobre quién fue el mejor beatle, manifestando ella su amor por Ringo Starr, reconocido popularmente como el menos popular de los cuatro de Liverpool.
Por otro lado, también es para destacar el homenaje que Webb le hace al cine mismo, desde situaciones muy al estilo de la Nouvelle vague y los primeros films de Jean-Luc Godard y François Truffaut, como a Det sjunde inseglet (El séptimo sello) de Ingmar Bergman. Mucho de esto se producirá a partir de la alusión al cine dentro del cine, en divertidas escenas en una sala cinematográfica dónde, a parte de ser espectador, Tom aparecerá en la pantalla de la película que está observando.
En conclusión, (500) Days of Summer es una interesante película, que aunque tenga algunos típicos clichés del género, demuestra que es un film muy rico a nivel visual e intelectual, que podrá atraer a diversos públicos a través de un film, que como remarca Webb, no es una historia de amor, sino que simplemente destaca diferentes matices de tal sentimiento.