viernes, 10 de agosto de 2012

Lynne Ramsay: La trilogía del morbo

La escocesa Lynne Ramsay es una de las realizadoras más destacadas del cine independiente actual y sus tres films hasta el momento: Ratcatcher, El Viaje de Morvern y la recientemente estrenada Tenemos que Hablar de Kevin son el fiel reflejo de esto.
Ramsay se destaca por tener una interesante y poco habitual mirada del morbo, el declive de la sociedad y la violencia en general, al contar historias desgarradoras de gente común desde lo más profundo de la perturbada psicología de sus personajes.
La odiosa vida cotidiana de James, un niño que accidentalmente ahoga a otro en un canal en Ratcatcher, el limbo que empieza con apoderarse de Morvern, una joven que llega a su casa y encuentra a su novio muerto tras este haberse suicidado en El Viaje de Morvern, y el pesar de Eva, una madre que en conflicto con su hijo y consigo misma desde el nacimiento de éste provoca que su primogénito en la adolescencia se transforme en un asesino en masa en Tenemos que Hablar de Kevin. Estas son las bases iniciales para que las películas estén envueltas en la decadencia y oscuridad de la personalidad humana.
En Ratcatcher, James es integrante de una familia de bajos recursos en dónde su alcohólico padre que lo humilla constantemente golpea a su madre, mientras que la mayoría de los jóvenes que lo rodean son abusivos y se aprovechan de él como de su amiga a la que obligan a concederles favores sexuales; en tanto que en el barrio en dónde vive predominan las plagas de ratas y piojos en un sitio rodeado y contaminado por la basura.
En El Viaje de Morvern, el morbo es tal que la mujer que sufre la pérdida de su novio hace sus actividades cotidianas en medio del cadáver hasta que éste se torna lo suficientemente despreciable, por lo que primero lo cubre y luego lo entierra. A todo esto, se entera que su mejor amiga se había acostado anteriormente con el fallecido, pero su personalidad es tan fría que parece no preocuparle o al menos lo pasa por desapercibido.
En su nuevo film, Tenemos que Hablar de Kevin, se presenta el típico ejemplo de la familia disfuncional, en dónde desde su nacimiento, el chico que luego en su adolescencia será homicida sufre los desencuentros e indiferencia con su madre, que hasta en cierto punto hubiera preferido el no nacimiento de éste. Por otro lado, su padre siempre le esquiva a los posibles problemas y no es capaz de percibir el posible demonio que se esta sembrado en el chico.
Si hay algo por lo que se destaca Ramsay es por exponer estos universos de una manera impávida y trastornada, ya que sabe como enmarcar cada historia en un clima ofuscado de una gran lucidez cinematográfica: la tenue fotografía al mejor estilo de los trabajos más destacados de Gus Van Sant como Elefante y Last Days y como a partir de esto se puede generar un brillante contraste con los colores fuertes, para así generar un delicado simbolismo que hasta por momentos se torna surrealista y de gran trascendencia en la acción dramática.
Pero a partir de esto, la realizadora provoca un impacto incandescente con la utilización del color como punto de atracción del plano y más precisamente a través de la utilización del plano detalle para oponer determinadas imágenes al común desenvolvimiento visual de sus películas; eso sí, con este artilugio profundiza en lo que son cínicas imágenes poéticas para desencadenar el humor negro y aliviar un poco el escalofriante clima dramático. El globo rojo que sostiene al ratón de un niño del que la banda del barrio se encuentra molestando, para que en una surrealista situación el animal llegue a La Luna en Ratcatcher; las luces del árbol de navidad que se prenden y apagan frente al cadáver en El Viaje de Morvern y los coloridos cereales que son aplastados por el problemático Kevin en Tenemos que Hablar de Kevin. Todas estas son situaciones que simbolizan un conflicto para el cual Ramsey utiliza como herramienta el contraste pictórico.
A pesar del letal dramatismo que propone la realizadora en su universo morboso, hay pequeños momentos en los que sus protagonistas se acercan a una mínima alba para escaparle a sus aprietos emocionales y existenciales, y para esto se hace presente la necesidad de fuga. No es casualidad que en Ratcatcher, James sólo puede huirle a su mente perturbada cuando se toma un colectivo que lo deja en el campo y lejos de la ciudad en dónde vive; que en El Viaje de Morvern, ella sienta un leve alivio cuando emprende su camino hacia España para alejarse de sus actos cotidianos; o que en Tenemos que Hablar de Kevin, cuando Eva abandona la lujosa casa en la que habitaba con su familia para refugiarse en una vivienda mucho más marginal. Pero como se advierte, esto sucede por instantes, porque en el cine de Ramsay ninguno de los personajes esta a salvo de su destino ni puede perpetuar una paz interior.
Pero a partir de dónde la directora enfatiza más su idea del morbo es a través del interior de sus protagonistas. Ninguna de sus obras se destaca por estar construida por una exuberante violencia explícita, sino que provoca un sentimiento mucho más aterrador a través de las miradas, lo movimientos de cámara y lo pausada de las imágenes a través de films dónde no predominan mayormente los diálogos, sino las escalofriantes situaciones.
Lo interesante de todo esto concluye en que a pesar de realizar dos muy buenas películas como Ratcatcher y El Viaje de Morvern, en dónde a pesar de su profundidad formal e ideológica, éstas se componen de una narrativa lineal, que a pesar de su correcto funcionamiento no resultan muy jugadas en ese aspecto; mientras que en Tenemos que Hablar de Kevin, Ramsay organiza un rompecabezas temporal entre el presente, el pasado y un sitio onírico de una lucidez asombrosa y no más pretenciosa de lo necesario para que el relato que propone se vaya desarrollando fluidamente para profundizar sus ideas de la manera mejor vista hasta el momento en su filmografía, y así dar otro paso hacia la madurez de la todavía joven artista europea.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Hasta siempre

No es algo que me guste demasiado el escribir en primera persona, pero lo que sucedió el pasado miércoles 8 de febrero de 2012 es algo que me afectó personalmente que no tiene otra manera de ser narrado.
Era una tarde extremadamente lluviosa en la localidad de Chijra, tan solo a 4 kilómetros de San Salvador de Jujuy. Mi novia y yo nos preguntábamos que era lo que sucedía hasta que me llegó un mensaje de texto que nunca hubiera querido leer. Era mi mejor amigo que me escribía a través de un desgarrador llanto: “Día tristísimo, murió el Flaco”.
Recuerdo haberme quedado congelado al leer esas líneas y ahí empecé a comprender todo. Es que el mundo estaba sumamente triste y no podía dejar de llorar a cántaros, es que se había ido el más celebre músico argentino que se encontraba en actividad: el inigualable Luis Alberto Spinetta.
Pero como sucede con todos los grandes de verdad, que son leyendas vivas que luego se acrecientan aún más después de su muerte, porque el Flaco siempre va a estar vigente, ya que a través de una frase, canción, enseñanza o poesía eternamente estará presente en nuestras vidas, como lo estuvo hasta ahora.
Y pensar que cada día nos acompañaba en nuestro emocionante viaje por el Norte Argentino y entre la emoción y los recuerdos se nos venían a la cabeza un millón de situaciones en las que cada canción hizo de nuestras vidas un instante más feliz. Lo hermoso de abrir un disco que nos regalábamos y pensar que después de un recital del Flaco te dije por primera vez que te amaba ¡cuántos recuerdos!
Spinetta es parte de mi vida, quién me inspiró a cantar y tocar la guitarra. A ver la magia que rodea al universo y a cada pequeña cosa. Largas tardes y noches intentando imitar su genialidad al lado de mi querido amigo que en esta ocasión le tocaba avisarme de esta triste noticia.
Es feo ver partir a los ídolos, aunque metafísicamente nos acompañen siempre, es feo pensar que ya no habrá más discos ni recitales de Spinetta, pero la vida es así: impredecible y llena de misterios.
Solo queda por decir GRACIAS por todo lo que nos diste y nos vas a seguir dando. Cada acorde tuyo nos da energía para superarnos día a día y sentirnos mejor. Te vamos a extrañar, pero te recordaremos siempre, como el más grande, como el músico sublime que fuiste y serás siempre. Hasta siempre Luis.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La danza del infierno

Es sabido que Darren Aronofsky siempre se destacó por crear universos oscuros, personajes profundos y situaciones contundentes. Desde el delirio matemático en Pi, el caos de las drogas en Requiem for a Dream, el misticismo en The Fountain, hasta las desgracias de los luchadores en The Wrestler. En su nueva obra, Black Swan, expone el apocalíptico clima que se puede vivir en torno a una compañía de baile.
Black Swan gira alrededor del personaje de Nina (Natalie Portman), quién es elegida para ser la primera bailarina de El lago de los cisnes, el famoso ballet ruso que tuvo diversas interpretaciones a nivel mundial, que narra como la joven Odette (que un hechizo la transformó en cisne) debe encontrar el amor para volver a ser como era; aunque una vez que encuentra a su príncipe, éste es engañado por la malvada Odile que se hace pasar por ella para quedarse con él, llevando al trágico desenlace del suicidio de la primera.
En el intenso film, Nina obtiene la confianza de Thomas (Vincent Cassel), el coreógrafo de la obra, aunque se verá perseguida por Lily (Mila Kunis), otra bailarina que quiere tomar su lugar protagónico a causa de, entre otras cosas, conquistar al hombre en discordia. Aquí se puede apreciar esa eterna conjunción entre el bien y el mal, entre el cisne blanco y el negro.
El personaje de Portman es dulce, inocente, talentoso y sensual, todo lo que necesita para interpretar al cisne blanco, aunque se encuentra confundida y con falta de rudeza para hacer de Odile, el cual sería más natural para Lily.
Nina es una persona perturbada, a la cual le pesara su nueva posición en la compañía y el protagónico en El lago de los cisnes, ya que no solo se sentirá presionada por su obsesión con Thomas y la desfachatez de Lily, sino por el fantasma de Beth (Winona Ryder), su antecesora que en medio de su locura al perder el puesto principal en los escenarios terminaría lisiada.
Black Swan, a pesar de su pretencioso guión, logra hilar positivamente la intercepción entre el argumento del presente de la historia con el de la representación de la obra ficticia, saltar del mundo de la danza al del cine.
El film es avasallante y lleno de adrenalina; esta compuesto de una carga dramática memorable que hace de la psiquis de los personajes, que provoca un brillante descontrol de las acciones al mejor estilo de una opera macabra. Black Swan es una especie de collage entre la locura, la fama, la envidia, el sexo y la muerte; hasta se atreve a incursionar en provocadoras escenas de lesbianismo, cómo en detalles surrealistas muy bien logrados.
Black Swan es un film de emociones extremas que acrecienta la prolífera filmografía de Aronofsky, que dentro de su particular y oscuro estilo cinematográfico concreta una obra muy destacada, que a su vez también resalta con grandilocuencia la excelente interpretación de Portman.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Impecable film sobre la realeza

Si a al momento de difundir una película se dijera que es sobre el ascenso de un nuevo rey en Gran Bretaña y que éste debido a su tartamudez no se encuentra apto para dar el “ejemplar” discurso que su pueblo espera en épocas de la Segunda Guerra Mundial, su efectividad podría ser un poco dudosa; pero The King´s Speech de Tom Hooper resulta un film más que destacado en estos tiempos de escasez cinematográfica.
La obra del joven realizador inglés narra la relación del monarca (el Rey Jorge VI) con Lionel Logue, un médico poco ortodoxo que conseguiría su esposa (la Reina Elizabeth) para que lo ayude a solucionar su inconveniente con la voz.
En principio hay que decir que el guión de David Seidler posee una gran estructura, y a partir de hechos simples concreta una historia compleja que mantiene el ritmo de las acciones constantemente, que con personajes profundos y muy bien logrados ayudan al lucimiento del trío protagónico: Colin Firth (el nuevo rey), Helena Bonham Carter (la futura reina) y Geoffrey Rush (el médico).
The King´s Speech tiene un orden dramático impecable y las actuaciones tanto de Firth, Bonham Carter y Rush son brillantes, que con cada gesto le dan vida a personajes entrañables, tanto desde un punto de vista más serio, cómo cuando la narración permite un humor negro que, por ende, esta muy bien utilizado.
Otro de los puntos salientes del film es su magnitud visual, ya sea a través de su diseño de vestuario cómo en el de arte; aunque por sobre todas las cosas hay que destacar la fotografía de Danny Cohen, que entre colores opacos y grisáceos hace de los escenarios una verdadera recreación de la época: cada paisaje neblinoso parece digno de la mejor pintura.
En conclusión, se puede decir que The King´s Speech es una película muy completa y atractiva, desde su aspecto visual hasta su gran desarrollo narrativo y la interesante crítica a los procedimientos del universo real en Gran Bretaña; sumados a las sobresalientes interpretaciones de Firth, Bonham Carter y Rush que hacen que el film ascienda al trono dentro una clase de obras que a priori resultan densas, aunque en el caso de la de Hooper el resultado final es todo lo contrario, más bien un discurso al cine.

sábado, 12 de febrero de 2011

El eterno conflicto de las relaciones amorosas

El universo de Woody Allen siempre se caracterizó por presentar las más extravagantes relaciones humanas. En You Will Meet a Tall Dark Stranger, su nuevo film, narrará las desventuras de distintos individuos, en dónde se verán parejas dispares, situaciones desafortunadas que las llevaran a la desesperanza o a destinos inesperados típicos de las peripecias de las tragedias griegas.
La película, como tantas otras de Allen, describe lo conflictivo del matrimonio: Helena (Gemma Jones) y Alfie (Anthony Hopkins) se divorcian tras largos años de casados, siendo que él tomará una actitud un tanto juvenil para devenir con Charmaine (Lucy Punch), una ex prostituta que tiene la mitad de su edad; en tanto que ella, desesperanzada con la separación, tratará de encontrar una alternativa con las prácticas místicas, motivo que también la llevará a conocer a Jonathan (Roger Ashton-Griffiths).
Por otro lado se encuentra la otra pareja protagonista de la historia: Sally (Naomi Watts) –hija de Helena y Alfie- y Roy (Josh Brolin). Ella desilusionada con su matrimonio estará obsesionada con su jefe Greg (Antonio Banderas); en tanto que su marido, un escritor frustrado, encontrará inspiración en su vecina Dia (Freida Pinto).
You Will Meet a Tall Dark Stranger es una combinación entre la comedia y el drama; y ya no es una sorpresa que el propio Allen no este dentro del elenco, pero sí lo es que no haya algún otro actor que haga el papel que éste hubiera hecho años atrás. A pesar de que podemos ver personajes temerosos, inconscientes y un tanto desesperanzados, no se encuentra ese prototípico excéntrico como Alvy Singer en Annie Hall, o para ir más cerca en el tiempo el de Larry David en Whatever Works, obra del 2009 nunca estrenada en Argentina.
El film mantiene la línea de las últimas comedias del director neoyorquino: las relaciones familiares y los encuentros causales que determinaran el hilo de la historia. Allen mantiene siempre esa intercepción entre la farsa y la tragedia, tal cual como jugaba con eso con las dos historias en Melinda/Melinda; hace que los protagonistas pasen de la desesperanza al mayor éxtasis o a la inversa de un instante a otro.
Aunque dista bastante de las obras más trascendentes de Allen como Manhattan o Zelig, You Will Meet a Tall Dark Stranger es un film correcto con personajes complejos que oscilan un universo de interesantes diálogos; y aunque por momentos pareciera repetitivo y un tanto denso, concreta una historia bien lograda entre los tintes melancólicos de los clásicos del jazz, a los que el mítico Woody nos tiene acostumbrados.

jueves, 27 de enero de 2011

Otro hallazgo en el mundo de Sofia

Francis Ford Coppola fue uno de los grandes realizadores de la segunda mitad del siglo XX dentro del cine estadounidense. Se destacó por crear importantes súper producciones como la trilogía The Godfather o Apocalipse Now; en tanto Sofia -su ya consagrada hija- tomó los rumbos de un cine más indy, dentro de un recorrido en el cual sigue buscando y experimentando con su estilo.
Sus tres primeros films nos llevan hacia las relaciones humanas, más que nada familiares y al eterno problema del que hacer con la vida. En The Virgin Suicides un grupo de hermanas conlleva diversas restricciones por parte de sus padres, derivando en el suicidio de una ellas; en Lost In Translation, un actor maduro y una joven recién casada hacen de su soledad en sus respectivos viajes a Japón una oportunidad para cambiar sus rutinarias vidas; en tanto que luego vendría la versión de Marie Antoinette y su fracasado matrimonio que la llevará al adulterio.
En su nueva realización, Somewhere, Sofia narra la historia de Cleo (Elle Fanning), una niña pre adolescente con padres divorciados, la cual tiene que sufrir siempre la ausencia de su progenitor Johny Marco (Stephen Dorff), quién estrella de cine siempre esta viajando o se encuentra perdido en los excesos.
Ante un viaje de su madre, Cleo deberá convivir y viajar con su padre, el cual se verá obligado a replantear su estilo de vida. El film detalla la relación padre-hija y saliendo de los típicos clichés, destaca los placeres y los inconvenientes de ésta sin caer en los sentimentalismos convencionales.
En Somewhere, se puede ver como Sofia experimenta con un cine mas pausado, con el tiempo de la escena. Los planos son más largos
que en sus anteriores films y las acciones bien detalladas, utilizando la cámara fija en distintas ocasiones. Hay una especie de contacto con el cine alemán de la década de 1980, especialmente por semejanzas al de Wim Wenders
.
Ya en su anterior película, Marie Antoinette, se veía ese intento de buscar matices diferentes y un detalle de esto fue el interesante contraste entre lo antiguo (el tiempo de la historia) y lo moderno (la musicalización rock).
Somewhere sostiene el nivel de los films de Sofía Coppola, siendo quizás su obra más independiente y personal que retrata una conflictiva relación padre-hija de una manera encantadora y melancólica al compás de la banda sonora compuesta por Phoenix que acompaña de gran manera la narración.

lunes, 24 de enero de 2011

Para dejar en el más allá

Clint Eastwood es uno de los pocos grandes realizadores del cine moderno, quién asombró como en la madurez de su carrera artística pudo lograr sus mejores films como Unforgiven, Mystic River, Million Dollar Baby y Letters from Iwo Jima. La cuestión es que después de realizar interesantes películas como Changeling y Gran Torino, no cumpliría las expectativas con Invictus, aunque ésta resultaría correcta. Con Hereafter, su nueva obra, intenta concretar una historia muy pretenciosa que entre lo sobrenatural y diversas fábulas corales, no cumple su propósito en ningún momento.
Hereafter intercala las historias de George (Matt Damon), un obrero estadounidense que intenta escaparle a un sorprendente don psíquico que le permite hablar con gente del mas allá; Marie (Cécile De France) una periodista francesa que sobrevivió a un tsunami; en tanto que Marcus (Frankie McLaren) será un chico británico atormentado tras fallecer su hermano gemelo. Todos estos personajes tendrán una estrecha relación con la muerte, motivo que posibilitará que sus vidas se crucen.
A simple vista parecieran historias interesantes y que un realizador como Eastwood podría sacarles su mayor provecho, pero el asunto es que el guión de Peter Morgan es tan flojo que ni el mayor artista podría haber realizado algo atrapante. En este caso, el libreto dista de un gran trabajo suyo como con Frost/Nixon de Ron Howard; en Hereafter cada uno de los tres tópicos tiene poca coincidencia con los otros dos, y si Babel de Alejandro González Inárritu era tildada por este aspecto, en este caso la desconexión es aun mayor.

Por separado, los presentes de George, Marie y Marcus son por momento densos respecto a la narración, y el inconveniente surgirá al tiempo de intercalar las historias, ya que parecen estar unidas por un hilo casi inexistente, lo que provocará un desenlace bastante mediocre y predecible.

Hereafter es el film más flojo de Eastwood desde 2002 cuando realizó Blood Work, y a pesar de escenas muy bien logradas como la del comienzo cuando el tsunami devasta la ciudad donde Marie se encontraba de viaje, en términos generales es una película bastante intrascendente y un paso atrás en esta brillante etapa de madurez del realizador de Unforgiven.