miércoles, 11 de marzo de 2009

Un nuevo paseo mágico por el universo de Robyn Hitchcock

Robyn Hitchcock es un artista distinto, un compositor interminable, parece que el tiempo no transcurre en vano para este inglés de ya 56 años, y esto queda más que aplicado con su nuevo trabajo discográfico: Goodnight Oslo.
Para esta nueva placa, Hitchcock vuelve a reunir a The Venus 3, banda con la que había grabado el disco Ole! Tarantula, que esta compuesta por él en guitarra y armónica, Peter Buck en guitarra, Scott Mc Caughey en bajo y Hill Rieflin en batería.
Entre los doce temas de Goodnight Oslo se destecan «Hurry For The Sky», una agradable balada con un sutil comienzo de armónica e hipnotizantes arpegios de guitarra como «Sixteen Years», y alegres canciones como «Up to Our Nex», «Intricate Thing» y «I Just Wanna Be Love», que hacen mantener intacta aquella psicodelia de The Beatles allá por la década de 1960. También hay que nombrar al intenso tema que le da nombre al álbum, que con una genial voz de Hitchcock hacen de éste la pieza más interesante y mística del trabajo discográfico.
El nuevo disco de Hitchcock tiene la fuerza y calidez de su antecesores, y se encuentra cerca del rock and roll clásico, ritmos psicodélicos e interesantes toques jazzeros. Robyn logra una placa más que interesante, llena de energía positiva en doce temas que alegraran a sus fans y demás oyentes en estos delirantes 56 minutos de acordes mágicos hitchcockianos.
Hitchcock esta de nuevo y en un gran nivel, no será el de gloriosos discos como Fegmania!, Eye o Black Snake Diamond Role, pero si se puede decir que Goodnight Oslo es un trabajo más que reconfortante y que a pesar de los años mantiene al inglés en la cima de la música.

miércoles, 4 de marzo de 2009

¿Quién quiere ser un fraude?

Cuando Steven Spielberg abrió el sobre y dijo: “The Oscar goes to… Slumdog Millonaire” me vinieron unas cuantas cosas a la cabeza. Primero que año tras año se han llevado la estatuilla mejores o peores películas, pero creo que nunca una tan mediocre cómo este último film de Danny Boyle. Segundo que se esta premiando (supuestamente) al mejor film de 2008. Y tercero ¿qué es lo que se esta premiando? O mejor dicho, la gente que entrega esta clase de reconocimientos ¿qué entiende por cine?
Slumdog Millonaire es un film muy pobre, sin ideas, centrado en una historia de amor que intenta constantemente llegar a un sentimentalismo exagerado mediante el golpe bajo y lograr que el espectador se sienta herido e identificado por las desgracias que les suceden a los personajes. Pero obviamente no lo logra.
Jamal es un joven de Bombay que esta enamorado desde chiquito de Latika y luego de una separación intentará encontrarla, para eso entrará en un programa de difusión masiva: ¿Quién quiere ser millonario? El film muestra la pobreza, la delincuencia y demás hechos caóticos de la actualidad de la India, pero la cuestión es que no profundiza en el tema social que por momentos intenta encarar, sino que lo omite, lo muestra de lejos, como una foto, como un relleno.
Pero se ve que con eso no alcanzaba. Algo que es muy vergonzoso en la película de Boyle es algo pequeño, pero que no puede pasar desapercibido. Como ya dije anteriormente gran parte de Slumdog Millonaire centrara a Jamal en el famoso juego de preguntas y respuestas, o sea que mientras más acertaba, más dinero iba a sumar para luego responder por el premio mayor. Se me ocurre que en un programa así, las preguntas deberían ser más complicadas y finalizar con una imposible que complejiza el juego. Pero en el film, curiosamente las preguntas son sencillas y poco verosímiles, como si quisieran manifestar o ironizar la ignorancia de los concursantes indios, o al menos eso es lo que aparenta a primera vista.
A mi parecer lo más flojo del film es el guión, que curiosamente también fue galardonado. El trabajo de Simon Beaufoy es muy pobre, predecible y sin sorpresas con una narrativa básica de un relato más que obvio, compuesto por personajes sin expresión, llenos de lugares comunes propios de un argumento convencional: el chico bueno que se separa de la chica que es el amor de su vida, pero tiene un hermano cruel que hace las cosas mal y en parte se interpone entre ellos, pero ya mayores el chico encuentra a la chica, el hermano se redime y se muestra arrepentido y da la vida por su hermano, los chicos terminan juntos y todos felices.
Respecto a las demás películas nominadas hay que decir que tanto Milk de Gus Van Sant como Frost/Nixon de Ron Howard son dos muy buenos films, los cuales hay que tener en cuenta por su buena realización y excelentes actuaciones. Pienso que cualquiera de los dos merecidamente debería haber ganado el Oscar. En tanto, un poco más abajo se encuentra The Curious Case of Benjamin Button, correcto y excelente visualmente, pero que tampoco aporta cosas demasiado interesantes. Por último no puedo opinar acerca de The Reader, ya que aun no ha sido estrenada en la Argentina.
Pero a pesar de lo nombrado, hubo dos momentos de entera justicia en la ceremonia, primero el merecidísimo premio como actor de reparto al póstumo Heath Ledger por su interpretación del Joker en The Dark Knight, en tanto el reconocimiento al rol principal de Sean Penn en Milk, quién logra una de las mejores actuaciones de los últimos años. Esta última categoría estaba bastante peleada, ya que muchos también creían que el galardón debería haber sido para Mickey Rourke por su gran labor en The Wrestler.
Pero esta situación no solo abarca al año último con el reconocimiento a Slumdog Millonaire, dónde se optó por lo mediocre, marketinero y lo que es peor, por algo aproximado a lo vulgar que en vez de cine se remite más a un videoclip; sino que el Oscar nos deja unas cuantas cuestiones para reflexionar acerca de la justicia a la hora de la premiación, sino como se puede entender que genios del universo cinematográfico como Stanley Kubrick, Orson Welles y Charles Chaplin no hayan sido galardonados por su labor como directores, o los dos últimos también como actores o que Peter O´Toole no haya ganado por su protagónico en Lawrence of Arabia

martes, 10 de febrero de 2009

En Oviedo hay una estatua muy inspiradora

Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) son dos jóvenes estadounidenses que se encuentran en Barcelona para pasar el verano. Resulta que en una muestra artística, ellas conocerán al pintor Juan Antonio (Javier Bardem), quién invitara a las bellas desconocidas a un paseo por Oviedo y junto a este, a un desenfrenado fin de semana.
A la pregunta de “¿Qué hay en Oviedo?”, Juan Antonio les respondería “Hay una estatua muy inspiradora”. En lo estrictamente textual del film, se puede observar que tal escultura es un Cristo que inspiraba al pintor. Pero se puede pensar que el viejo y genial Woody Allen ironiza con su propia estatua que se encuentra en Oviedo, la cual fue hecha luego de que en 2002, uno de los mejores directores que dio el cine, haya ganado el premio Príncipe de Asturias en Artes.
Con su último film, Vicky Cristina Barcelona, Allen demuestra que su cine es un tesoro inagotable, creando una comedia simple, pero a su vez compleja y sin fisuras. Allen no solo demuestra que tiene un don a la hora de elaborar guiones y darles vida a sus interminables personajes, sino que también sabe manejar a la perfección la comedia, el drama, la música, lo intelectual. Cada pieza (o plano) estaba ubicada a la perfección, no hay un minuto que este de más.
Con la película, Allen se ríe todo el tiempo de la típica relación de pareja monogámica y de las clases burguesas que generalmente las componen. Es así como en Vicky Cristina Barcelona, la mayoría de sus personajes terminarán involucrados en diversas infidelidades. Vicky es una joven muy conservadora que esta por casarse con Doug (Chris Messina), un adinerado empresario o el típico hombre aburrido; en tanto que Cristina es una mujer mucho más liberal y siempre dispuesta a encontrar nuevas emociones, sin importarle las consecuencias.
A la gama de las complejas caracterizaciones, hay que decir que Juan Antonio es un artista víctima de las mujeres, cómo que siente que éstas lo provocan todo el tiempo, y gracias a su encanto conseguirá fácilmente la compañía de ellas. Pero todo no es tan sencillo, ya que el personaje de Bardem se encuentra enamorado y nunca ha podido olvidar a su ex esposa María Elena (Penélope Cruz).
El personaje de María Elena resulta el más interesante del film, el más melodramático, exagerado e impactante, no sólo por su belleza, sino por su gracia, en una completa y genial actuación de Cruz.
El director de Annie Hall y Hannah and Her Sisters, logra componer otra gran pieza en su ya magistral obra, sólo que esta vez deja de lado el jazz de Manhattan e incursiona (de manera brillante) con la guitarra española y artistas como Giulia Tellarini (a quién le corresponde el tema principal del film), Paco de Lucía, y Juan Serrano, entre otros.
En definitiva, Vicky Cristina Barcelona es un film cálido, divertido y satisfactorio a lo largo de su poco más de hora y media, el cual resulta imperdible y deja pensando al espectador: “que esos títulos blancos sobre aquél fondo negro sigan apareciendo año tras año”. Allen es un genio y se debería de esculpir su figura por unas cuantas ciudades del mundo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Los genios son inmortales como el cine mismo

En principio, la idea es comentar Changeling, pero a lo largo de este texto, a parte del film, produciré un digno homenaje a su realizador: el gran Clint Eastwood.
Eastwood es uno de los mejores directores y actores del cine contemporáneo. Un genio que le dio vida a inolvidables personajes como el Rubio en Il buono, il brutto, il cattivo, de Sergio Leone o a Harry Callahan en Dirty Harry, de Don Siegel, para mencionar quizás sus más reconocidas caracterizaciones a lo largo de su extensa relación con el séptimo arte.
A pesar de sus grandes dotes como actor, Eastwood enriquecería su grandeza con su labor como director, siendo su primer gran obra Bird, de 1988, un crudo film que narra la vida del brillante compositor de jazz norteamericano Charly Parker.
Luego, Eastwood sorprendería en 1992 con Unforgiven, un gran western que ganaría el Oscar a la mejor película y le valdría a él su primero como director y a su vez su primera nominación como actor.
Los diez años siguientes le servirían al estadounidense para filmar diversos films de variados géneros, animándose hasta con la ciencia ficción con Space Cowboys, aunque sus películas más destacadas de la época serían el drama A Perfect World y la romántica The Bridges of Madison County.
Para mí, después vendría el quiebre fundamental en la carrera de Eastwood, ya que entre 2003 y 2008 filmaría una seguidilla de películas de un valor sublime, siendo meritorio que un realizador a los 78 años en vez de quedarse con todo lo grandioso que había hecho, pueda llegar a la cúspide de su carrera en la que podemos denominar su etapa dorada.
Todo comenzaría con el genial thriller Mystic River de 2003, para seguir al año siguiente con el drama boxístico Million Dollar Baby, y llegar a la excelencia en 2006 con sus dos films sobre la Segunda Guerra Mundial y la Batalla de Iwo Jima, mostrando en Flags of Our Fathers la visión norteamericana y en Letters From Iwo Jima, la japonesa en un magistral film hablado completamente en japonés que ya se podría considerarse de culto.
Luego llegaría el momento de Changeling, un drama basado en un hecho real que cuenta la historia de Christine Collins (gran interpretación de Angelina Jolie), una madre soltera de Los Ángeles a la que le desaparece su hijo Walter. Pasados cinco meses, la policía supuestamente encontraría a su hijo, pero resulta que este no sería tal.
Convulsionada por los hechos y los medios, Christine se llevaría al niño con ella, y cuando ésta exige la búsqueda de su verdadero niño, la corrupta policía, en vez de aceptar el error, opta por encerrarla en un instituto psiquiátrico. A todo esto, Christine contaría con la ayuda del reverendo Gustav (John Malkovich), que a parte de ayudarla con su cometido, usará esto para continuar su lucha contra la policía y la corrupción de las autoridades de la cuidad.
El film tiene un gran enfoque dramático, pero Eastwood tiene una gran capacidad para sumarle el adecuado suspenso a la obra, una pieza impecable narrada a la perfección como él nos tiene acostumbrados. Eastwood es un gran director de orquesta, logra que cada actor desempeñe de maravillas su papel, sea el principal como es el de Jolie o de todos los secundarios que la rodean.

También hay que destacar la gran fotografía de Tom Stern o el correcto y compacto guión de J. Michael Straczynski; y por ende resulta innegable decir que Changeling no sea una película de Eastwood, porque éste a logrado concebir una propia personalidad que nutre a sus películas, cada plano es impecable y reluciente de su autoría que ha logrado con creces un sello propio.
Changeling es una nueva gran película de un realizador que a pesar de los años sigue en alzas, el tiempo no lo deteriora, sino que lo llena de sabiduría a la hora de mezclarse con lo suyo: el cine, porque Eastwood es cine y nació para hacer películas.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Lisérgicos y alucinantes

Este sitio estaba medio abandonado, pero los avatares de la vida me dan una importante excusa para mencionar mi asistencia al Personal Fest 2008 el 1° de noviembre, en dónde se presentó una de las bandas que más tenía ganas de presenciar en vivo en los últimos años, y la verdad que me fui más que satisfecho; por cierto, estoy haciendo referencia a The Mars Volta. Aquel fue un día más que caluroso en el Club Ciudad de Buenos Aires, que demostró ser un gran predio para hacer recitales. Cerca de las 19.30, en el segundo escenario en importancia salía a la escena la banda mexicana-estadounidense. A los pocos minutos, entre avalanchas y empujones, ya me encontraba a unos metros de la banda, eso sí, entre el grueso de la multitud se podría decir estimativamente que harían unos 200 grados, pero que importaba si The Mars Volta comenzaba a tocar.
No fue un show convencional, por cuestiones de organización solo tenían una hora para tocar ¿y qué fueron de esos sesenta minutos? Algo increíble. Tuve la sensación de estar frente a una banda que estaba haciendo “música” en vivo. Ahora no recuerdo la cantidad de temas que tocaron (creo que fueron cinco), pero todos ellos podrían haber sido uno solo, un conjunto de melodías limadas e hipnóticas que progresaban con un continuidad sonara estupenda.
Era pura energía, no paraban de tocar… solo quedaba ponerse a contemplar el virtuosismo y la genialidad del guitarrista Omar Rodríguez, los delirios del cantante Cedric Bixler-Zavala y, para mí, lo sorpresivo del baterista Thomas Pridgen, un tipo de una potencia estrafalaria, parecía de otra galaxia un ser que toque de esa manera.
El show me dejó deslumbrado, con una sensación post-recital que no tenía hace bastante, The Mars Volta no defraudó en lo más mínimo y a partir de ese momento fue tiempo de descansar, reponer energías y ver de reojo a bandas como Bloc Party, la cual estuvo más que aceptable, y Kaiser Chiefs, que paso sin penas ni gloria.
Apenas pasadas las 22, se presentaban los que eran la atracción mayor del festival: R.E.M. Pienso que después de haber visto a The Mars Volta ya estaba hecho, por lo cual bastante tranquilo (onda habano y whisky en un bar) me quedé lo más cercanamente posible del escenario principal para observar a la banda liderada por Michael Stipe.
Debo decir que el concierto de la banda estadounidense fue muy bueno. Stipe demostró ser un tipo más que carismático sobre el escenario (hasta improviso un genial pase de baile), mientras que el bajista y pianista Mike Mills y el guitarrista Peter Buck no dejaron de mostrar todas sus virtudes sobre la escena.
A lo largo del show tocaron grandes temas como Losing My Religion, Everybody Hurts, Man On The Moon y especialmente el que yo quería que toquen: Imitation of Life.
Fue una larga tarde noche. Muy amena, por cierto, y a pesar del calor, la jornada fue totalmente satisfactoria, por presenciar en vivo a una de aquellas bandas de toda la vida como lo es la de Stipe, y más que nada por las sensaciones que The Mars Volta provocó sobre el escenario.

martes, 2 de septiembre de 2008

Sonata de las siete y algo

Tu boca,
sus arabescas corazas,
apacible,
vibración de deseo.

El caparazón de tu voz,
de aquel sonido, melodía,
palabra, letras, sílabas,
entonación esplendorosa.

Un valle en el tiempo,
fulgurante tu centro,
la espuma de tu trago,
lo cristalina de tu mirada.

Lo simple,
lo abstracto pronunciado,
invisible lo encantado,
manifiesto de lo sensible.

El fuego complacido,
una sonrisa deschavada,
una nube de costado,
lo misterioso de lo emanado.

Un delfín figurado,
un arte exteriorizado,
dos sueños cronometrados,
lírica instantánea.

La canción,
un puente, la situación,
suspiro desgarrador,
excelso.

martes, 15 de julio de 2008

La complejidad del universo paralelo entre el bien y el mal

La mayoría de películas de superhéroes toman la clásica lucha del bien contra el mal, generalmente encerrada en una esfera de innovadores efectos especiales con el afán de entretener, atraer al público de diversas edades y lograr un producto rentable, que pueda hacer estallar los bolsillos capitalistas de las grandes productoras hollywoodesenses. Con esto no quiero decir que The Dark Knight –el nuevo film sobre Batman de Christopher Nolan- no vaya a arrasar con toda taquilla mundial posible, ya que de seguro será un gran éxito comercial, aunque también en este caso habría que sumarle otra distinción mucho más importante para el género: la gesta artística.
A simple vista, el nuevo film del personaje creado por Bob Kane en 1939 va más allá de ser una película de superhéroes, para pasar a ser un obra filosófica que a través de la ética, la moral y la psiquis de los individuos, retrata a la perfección las dos caras de la moneda: el bien y el mal.
No por nada en The Dark Knight, Nolan nos muestra con profundidad la locura, la paranoia y el instinto de sus personajes, los cuales son crudos y reales a pesar de ser ficticios, siendo quizás el mejor ejemplo de esta ambigüedad el Guasón, cuya genial interpretación del fallecido Heath Ledger crea a un villano de verdad, de aquellos que no gozan con el dinero, sino con el mal, la locura y la excitación que provoca el crimen. Es más, el personaje de Ledger no parece un ser natural, sino uno metafísico que es tan devoto a la maldad, que con solo su mirada quiebra las leyes de la moral y los prototipos de la conciencia humana.
La película de Nolan narra una vez más la lucha de Batman –Christian Bale- contra el crimen organizado teniendo al Guasón como su archirival de turno, aunque en la otra cara de la moneda hay que decir que se basa en las diversas estructuras del pensamiento, en el enfrentamiento físico pero también psíquico, siendo esto producto de un impecable y complejo guión que escribiría el mismo Nolan junto a su hermano Jonathan, para concretar una obra dramática de suspenso, acción y toques cómicos que nunca deja de serle fiel al comic original de DC.
The Dark Knight no es tan solo el producto de un guión brillante y el gran trabajo de un realizador que va creciendo a medida que pasan los años, sino que también se sustenta en una sutil partitura musical como en los diversos rubros técnicos, ya que aquellos despampanantes efectos especiales que cada vez se observan con mayor frecuencia en los films de superhéroes, aquí cumplen un papel fundamental, pero siempre de una manera cauta, como también lo son las no tan abundantes pero brillantes escenas de acción.
Por otro lado, sería imposible no mencionar el gran trabajo realizado por el departamento de maquillaje, tanto sobre el rostro de Guasón, cómo más espectacularmente lo es sobre el personaje de Harvey Dent –Aaron Eckhart-, el cual de seguro sorprenderá a muchos por lo fiel que es al comic de Kane y hará olvidar el triste recuerdo de aquel mismo personaje de la paupérrima Batman Forever de Joel Schumacher.
Nolan ya había demostrado que después del malogrado film antes nombrado de Schumacher como también del sumamente pésimo Batman & Robin del mismo director, pudo hacer resurgir al personaje de Ciudad Gótica con Batman Begins, y continuar la cadena con The Dark Knight, una obra que le es ampliamente superior y se encuentra a la altura de Batman y Batman Returns, las dos grandes películas que realizó Tim Burton.
Para concluir debo decir que The Dark Knight, entre otras minorías que nombré parcialmente, es una de las pocas obras “distintas” del género de superhéroes, las cuales buscan algo más que la espectacularidad que tienen por misión los grandes tanques de la globalización hollywoodense, siendo esto más que un motivo digno para ver esta nueva realización que se acerca a lo filosófico y lo complejo en vez de a lo alborotador y repetitivo.